Washington

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C. cap. de E.U.A. y del Distrito Federal de Columbia, en la orilla izquierda del Potomac, que la separa de Virginia (SO) y rodeada por Maryland; 606 900 h (aglomeración urbana, 3 060 922 h). En 1800 se instaló en ella el gobierno estadounidense. Entre sus edificios y monumentos destacan la Casa Blanca (White House), residencia oficial del presidente; el Capitolio, sede del Congreso, y los monumentos a Jefferson y Lincoln. Centro cultural con diversas universidades y varias escuelas especiales, numerosas sociedades e instituciones científicas.

Washington

 
Estado del NO de E.U.A. junto al Pacífico (O), fronterizo con Canadá; 176 479 km2 y 4 866 692 h. Cap., Olympia. Agricultura. Ganadería. Oro, carbón, plata, etc. Explotación forestal. Rica pesca.
Traducciones

Washington

Вашингтон

Washington

Washington

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Ejemplos ?
Fue terminante el general Ibáñez; ¿y habrá todavía en Washington – ahora también digo Montevideo – quien aguarde las gestiones de Chile para que este Convenio que se aprobó se cumpla prácticamente?
Maggiolo, Scasso y Spangenberg, Gramática María Palazón y Anglés y Bovet, Literatura Eduardo Ferreira y Horacio Maldonado, Geografía Hamlet Bazzano y Washington Paullier, Francés Víctor Ricaud, y Luis Dayviere y Mme.
Es esa moralidad, esa alta moralidad, hija de la educación intelectual y hermana del patriotismo, elemento primero del desarrollo social y del progreso de los pueblos; es ella la que formó en un Washington; es ella la que condujo a nuestra República al primer rango entre las naciones americanas de origen español y que se personalizó en ciertos tiempos, no en un hombre sino en el gobierno, en la administración, en el pueblo de Chile.
Y para que lo sepas de mi viva voz, el Washington Post, periódico de gran prestigio siempre reseña con grandes elogios cada una de mis obras maestras; y eso que los gringos no son más cultos que una niñera, y más, cuando Hollywood les vaya inventando su propia cultura.
HECHO en tres ejemplares, en las ciudades de Londres, Moscú y Washington D.C., el día veintisiete de enero de mil novecientos sesenta y siete.
Sea lo que fuere – en otro momento ahondaremos si es posible esta averiguación – lo cierto es que nosotros estamos considerando dicho Convenio, lo que vale tanto como decir que nuestro gobierno pertenece al número de los de Ibero-América que han atraído la preferencia de Washington.
con el mismo gesto cordial y la misma sonrisa amiga con que el pueblo norteamericano me brindó en mi visita del 9 de octubre de 1959, a Washington.
Por eso creemos en la necesidad de una reingeniería a nivel internacional de los fondos multilaterales y fundamentalmente un marco teórico diferente al que vivió el planeta y que fue el del Consenso de Washington, agotado por fracaso pero no sustituido por un nuevo marco teórico en el cual se les diera diferentes roles a los bancos centrales y también diferentes roles a los Estados como instrumento para impulsar medidas fiscales, medidas contra cíclicas que aseguraran lo que a nuestro criterio es central: la estabilidad del empleo, no solamente la estabilidad de la moneda.
¿Y cuáles, señor Presidente, cuáles después de todo han sido los “gobiernos” de Iberoamérica seleccionados por Washington para contratantes?
Para sentir que su verdadera grandeza no estriba en el predominio, sino en el respeto de las soberanías y en la concordia bajo la ley, les bastó volver con exactitud a la lección de sus héroes máximos. Washington, Jefferson, Lincoln, se hallan presentes en las determinaciones actuales de vuestra Patria.
Días antes, el 16 de enero, el Ministro de Relaciones Exteriores había solicitado a la Embajada de Washington que se sirviera explicar nuestra demora en la formalización del Convenio por las razones de política interna influyentes en el momento.
Apenas agregaré que el mismo artículo de la Constitución norteamericana recordado ayer por el señor ministro, porque expresa en su primera frase “Los Estados Unidos garantizarán a cada Estado de esta Unión un gobierno de forma republicana”, dice también, que el gobierno de Washington no podrá intervenir en los Estados de la Unión “contra desórdenes interiores”, si aquellos no lo piden previamente.