Ejemplos ?
Sus labios se abrieron por fin, y fue para repetir desatentadamente: -¿Cómo has sabido...? Mira, yo no veo a esa mujer..., te juro que no, que no la veo...
¡No haga usted caso de esa ingrata y dígame que ya está buena del todo, o reviento aquí donde me veo atado por el dolor y crucificado por mi enemiga!
Soy madre...; adoro a mi hija; voy a dejarla sola en el mundo; no veo a mi lado en la hora de la muerte, ni tengo sobre la faz de la tierra, persona alguna a quien encomendársela, como no sea usted, que, en medio de todo, le demuestra cariño...
exclamó mamá al sentirme volver por fin. ¿Se fue el perro? —Creo que sí; no lo veo. Me parece haber oído un trote cuando salí. —Sí, yo también sentí...
-Ya lo sé yo, pero es que a mis bichos les he tomao yo la mar de apego, y velay usté. -Eso del apego no lo pongo yo en duda, no, señor; porque, por lo que yo veo, pa usté como si fueran de la propia familia.
Yo sigo hablando con él, y mi compañero se va a los bichos, les da cuatro de las que dan tos los novilleros y, total, que los de la siega emplean entre tos ellos veintisiete pesetas y noventa y cinco céntimos y toman las de Villadiego. -Pues no veo el trabajo de usté -me dice el viajante.
- Habla. - Tengo seis hijos... y una infeliz...diré viuda..., pues veo que voy a morir. Leo en vuestros ojos que sois peores que fieras.
Antes, pensaba yo que el hombre podía hacer todo lo que quería, y ahora veo que ni tan siquiera puede querer lo que le acomoda...
La noche de las tinieblas que me cegaba se ha convertido en luminoso dia, y en medio de mis justas prisiones me presenta, como á Antioco, tan perfectamente los males que he ocacionado á la América, que el sueño se ha retirado de mis ojos, y mi arrepentimiento me ha postrado en una cama: aquí veo no muy lejos el aparato de mi sacrificio...
Yo veo la destrucción de este suelo, que he ocasionado: las ruinas de los caudales que se han perdido, la infinidad de huérfanos que he dejado, la sangre que con tanta profusión y temeridad se ha vertido, y lo que no puedo decir sin desfallecer, la multitud de almas que por seguirme estarán en los abismos.
Ya veo que si vosotros, engañados insurgentes, quereis seguir en las perversas máximas de la insurrección, mis reatos se aumentarán, y los daños, no solo para la América sino para vosotros, no tendrán fin.
Cuando no me cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de Dios dentro del arcaz; y, abierto, díjele: “Yo no tengo dineros que os dar por la llave, mas tomad de ahí el pago.” Él tomó un bodigo de aquellos, el que mejor le pareció, y dándome mi llave se fue muy contento, dejándome más a mí.