Un vaso de agua

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Un vaso de agua   
Ejemplos ?
41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
Como si no existieran diferencias, el mismo Presidente Zedillo me consiguió un vaso de agua durante la entrevista, con una edecán.
Lleváronle por delante De mi casa, y al rumor De los gritos y el tumulto Del pueblo salí al balcon. Tendióme Jesus las manos Pidiéndome por fávor Un vaso de agua, y un punto De reposo y detencion.
9.41. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa. 9.42.
‑Te va a hacer daño ‑le dijo ella desdeñosamente. Dejó su cigarro y corrió a beber en la bomba un vaso de agua fría. Emma, cogiendo la petaca, la arrojó vivamente en el fondo del armario.
Por otra parte, no hay cosa más difícil que obtener un vaso de agua en un buffet lleno de gente, y cuando la trajese, de nada serviría ya.
Poco antes de la medianoche se incorporó de repente en el lecho con brusco movimiento (yo estaba sentado junto a ella) y con la misma voz precipitada se puso a contar, apurando a sorbos un vaso de agua y moviendo débilmente las manos, sin mirarme ni una sola vez...
Pasaron así los meses; el rancho parecía más alegre; algunas aves vagaban por el patio, la ropa lavada lo embanderaba, los perros se habían hecho más sociables, y, al ver que en el rancho había quién los atendiera, algunos transeúntes solían pararse en el palenque a pedir un vaso de agua o alguna indicación.
Lo que solía hacer era abrir la alacena de la cocina, sacar de su envoltura mantecosa la onza de chocolate y roerla, con ayuda de un vaso de agua.
¡Esta chica ha perdido la cabeza! Haced el favor de traerme un vaso de agua. Estaba demasiado ocupado con el doctor y su mujer para atender a aquel ruego, y como nadie le prestó la menor atención, mistress Mark1eham se vio obligada a continuar suspirando, a abanicarse y a abrir mucho los ojos.
Y le aseguro que no deseo atribuirle otros motivos; pero debo decirle, yo que he conocido desde la infancia a esa desgraciada familia, que se equivoca usted si se figura que esa pobre muchacha, indignamente tratada, no ha sido engañada cruelmente y que no preferiría hoy morir que aceptar ni un vaso de agua de la mano de su hijo.
Carlos cogió las violetas, y refrescando en ellas sus ojos completamente enrojecidos de tanto llorar las olía delicadamente. Ella se las quitó bruscamente de la mano y fue a ponerlas en un vaso de agua.