Tratado de Rastatt


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Rastatt, Tratado de

 
hist. V. Rastadt, Tratado de.
Ejemplos ?
En 1697 por el Tratado de Rijswijk, la ciudad volvió al dominio del Sacro Imperio Romano Germánico, pero fue reconquistada el 7 de septiembre de 1703 al comienzo de la Guerra de Sucesión Española, retornando de nuevo a los alemanes por el Tratado de Rastatt el 7 de marzo de 1714.
Así, el 6 de marzo de 1714 se firmaba el tratado de Rastatt por el que el Imperio Austríaco se incorporaba a la paz de Utrecht, sin conseguir el compromiso de Felipe V sobre el mantenimiento de las leyes e instituciones propias del Principado de Cataluña y del reino de Mallorca que seguían sin ser sometidos a su autoridad.
El emperador envió una carta a la Diputación General de Cataluña en la que les explicaba que había firmado el tratado de Rastatt obligado por las circunstancias y que todavía mantenía el título de rey de España.
Orry confiaba en que tras el bombardeo e informados los cabecillas de haberse frustrado su última esperanza en el Tratado de Rastatt sería tal su abatimiento que les hallaría prestos a la sumisión.
En marzo de 1714 se firmó el Tratado de Rastatt, confirmado en septiembre por el Tratado de Baden, lo que suponía el abandono definitivo de Carlos VI.
Tras el Tratado de Rastatt (marzo de 1714), que ratificaba el abandono de los aliados a los catalanes, el gobierno de Felipe V ofreció a los rebeldes una salida negociada al conflicto, pero la radicalizada «Junta de los 24 de Barcelona» —encabezada por Rafael Casanova— rechazó la proposición al no incluir el mantenimiento de las Constituciones catalanas.
Terminada la guerra por el Tratado de Rastatt en 1714, fue Gobernador de los Países Bajos austriacos, hasta que rota la paz con los turcos, marchó contra ellos venciendo a un ejército de 150.000 otomanos en la batalla de Petrovaradin (1716).
Así el 6 de marzo de 1714 se firmaba el tratado de Rastatt por el que el Imperio Austríaco se incorporaba a la paz de Utrecht, sin conseguir el compromiso de Felipe V sobre el mantenimiento de las leyes e instituciones propias del Principado de Cataluña y para el reino de Mallorca que seguían sin ser sometidos a su autoridad.
Y no sólo eso, la aplicación de este principio hubiese afectado a otros tratados que se negociaban paralelamente, como el tratado de la Barrera acordado entre Gran Bretaña y las Provincias Unidas, por el que se permitía a los holandeses guarnicionar varias plazas fuertes de los Países Bajos Españoles (las plazas de la Barrera) con el fin de prevenir agresiones francesas (los términos del tratado de la Barrera fueron incluidos en el tratado de Rastatt de 1715 firmado entre Francia y el Imperio, por el que los austriacos obtuvieron la posesión de las antiguas posesiones españolas en los Países Bajos.
Tras la firma del Tratado de Rastatt el 6 marzo de 1714, por el que Carlos VI firmaba la paz con el rey de Francia y se incorporaba formalmente a la Paz de Utrecht, lo que suponía un duro golpe para las posibilidades de resistencia de Cataluña, el emperador escribió una carta a los diputados catalanes el 28 de marzo en la que les comunicaba que el tratado lo había firmado «sobre la indisputable condición de conservar mi justicia, derechos, acción y títulos, que como legítimo Rey de España me pertenecen» y a continuación les aseguraba que les dispensaría «las asistencias que se hagan arbitrales en la posibilidad».
Ello no obstante les recordaba que el Tratado de Rastatt aún debía ratificarse mediante un Paz Universal en el Congreso de Baden donde se podría resolver el «Caso de los Catalanes».
Y por si quedaba la menor sombra de duda, los frailes se apresuraron a indicar que el Tratado de Rastatt se había firmado el 6 de marzo, festividad de San Olegario obispo, santo patrón de Barcelona; las cartas habían llegado a la ciudad el 22 de abril, vigilia de la festividad de San Jorge, protector y santo patrón de Cataluña; y justamente en ese día se cumplían exactamente los 9 meses desde que se hiciera la petición de auxilio a Nuestra Señora de la Merced, compatrona de Barcelona y redentora de cautivos: todo ello no podían ser meras coindidencias sinó la clara evidencia de que la Divina Providencia había bendecido sus oraciones.