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Ejemplos ?
Tales son los nombres de los tres Quichés; no se separaron, pues único era el nombre del dios: Pluvioso entre los Quichés. Pluvioso entre los Tam.
El Ratón respondió a la Furia: "Ese pleito, se- ñora no servirá si no tenemos juez y jurado, y no servirá más que para que nos gritemos uno a otro como una pareja de tontos" Y replicó la Fu- ria: "Yo seré al mismo tiempo el juez y el jurado." Lo dijo taimadamente la vieja Fu- ria. "Yo seré la que diga todo lo que haya que de- cir, y tam- bien quien a muer- te con- de- ne." - ¡No me estás escuchando!
He aquí los nombres de los lugares adonde fueron Brujo del Envoltorio. Brujo Nocturno, Guarda-Botín, Brujo Lunar, con los Tam, los Iloc.
Centro de la Llanura, nombre del dios que recibió Brujo Lunar. En compañía de los hombres Queché, los de Tam recibieron: igualmente.
De sus nombres vinieron de los hombres de Tepeu, Oloman, Cohah, Quenech, Ahau, como se llamaban estos hombres allá lejos, en Oriente, donde ellos engendraron. Se sabe también el comienzo de los de Tam, de los de Iloc.
Vinieron también los Tam, los Iloc, con las trece ramas de tribus, las trece Aglomeraciones, con los Rabinal, los Cackchiquel, los de Tziquinaha; después los Zacaha; en seguida los Lamak, Cumatz, Tuhalha, Unabaha, Los de Chumilaha, con Los de Quiba-ha, Los de Batenaba-ha, los Hombres de Acul, Balami-ha, los Canchahel, los Balam-Col.
Ha » prestado alimento á esta tradición, además de la vida mis- » leñosa llevada por Gregorio López en México, la circuns- itancia de que, en un retrato suyo, hizo poner esta divisa ó cierna i—Secretum meum mihL— No puede afirmarse que Grego- »rio López fuera realmente el infante don Carlos; pero tam- tpoco, en medio del misterio que rodea la memoria de aquel » príncipe infortunado, puede asegurarse que no lo fuera.
Y aunque parezca fuera de oportunidad, vale la pena recor- dar que en la noche del 25 de Septiembre, en Bogotá, fué tam- bién una mujer quien salvó la existencia del Libertador, que resistía á huir de los conjurados, diciéndole:— De la mujer el consejo— presentándose ella ante los asesinos, á los que supo detener mientras su amante escapaba por una ventana.
Se congregaron en ella para gloriarse. “Yo, yo hombre Queche”. “Tú, tú, Tam es tu nombre”, díjose a los Tam. Se dijo después a los Iloc: “Tú Iloc es tu nombre”.
¿Cómo es eso?... Yo no vi el lorito. --Pues, mi general— contestó picado el ayudante,~yo tam- l oco vi las noventa y nueve palomas.
Cuando hubieron llegado, después, a la cima de la ciudad llamada Volcán, todos los Tam, los Iloc se reunieron, todas las tribus se congregaron, se alegraron de la llegada de Qo Caib, Qo Acutec, Qo Ahau, quienes volvieron a tomar allí el poder tribal.
A lo cual Rincón respondió: -El ejercicio ya está dicho, pues venimos ante vuesa merced; la patria no me parece de mucha importancia decilla, ni los padres tam-poco, pues no se ha de hacer información para recebir algún hábito honroso.