Stendhal

Stendhal

 
(1783-1842) Seudónimo de Henri Marie Beyle, escritor francés. En Milán escribió el primero de sus libros: Vida de Haydn, Mozart y Métastase, obra que fracasó y a la que seguiría Historia de la pintura en Italia, donde ofrece una visión sociológica. Producto del romanticismo y a la vez influido por la gran epopeya napoleónica, Stendhal centró la vida de sus personajes en la acción poderosamente ejercida o dirigida. De aquí el carácter psicológico de sus novelas y el análisis preciso y objetivo de sus héroes. Sus obras más conocidas son Rojo y negro (1831) y La cartuja de Parma (1839).
Ejemplos ?
Nada falta de lo inerte; pero falta por completo lo semoviente. En tanto, los libros de Stendhal y Dostoyevski conquistan más y más la preferencia.
¿Y mi trabajo diario y preciso y fatal? ¿No se sabe que soy cónsul como Stendhal? Es preciso que el médico que eso recete, dé también libro de cheques para el Crédit Lyonnais, y envíe un automóvil devorador del viento, en el cual se pasee mi egregio aburrimiento, harto de profilaxis, de ciencia y de verdad.
Hablar de naturalidad a Stendhal era ponerle en el disparadero. Pronto se anudó un comercio de amistad entre Beyle y la condesa de Montijo — refiere un biógrafo del sin par novelista.
«Cuando sea usted grande — decía Stendhal a Eugenia —, se casará usted con el marqués de Santa Cruz — pronunciaba este nombre con un énfasis cómico —, luego usted me olvidará y yo no me ocuparé más de usted».
Sin haber llegado todavía a un distinto análisis de sus elementos, algo nos atrae y satisface en el estilo barroco que encontrarnos asimismo en Dostoyevski y Stendhal.
Porque la belleza — decía Stendhal — es una promesa de felicidad, y lo que tiene de bello no es lo que tiene de real, sino lo que tiene de promesa.
Cuando ya no se hable en el mundo de Imperios ni de guerras, ni de políticas, se seguirá contando que Eugenia de Montijo fue amiga de Mérimée y de Stendhal, los dos franceses más libérrimos de espíritu que ha engendrado el siglo xix.
«Es — dice el autor de Carmen en una carta íntima — la mejor amiga que tengo en el mundo, y que me ha dado siempre excelentes consejos». Hacia 1838, Mérimée lleva a su amigo y maestro Stendhal a casa de la Montijo, que se hallaba en París.
Como Stendhal era un buen conocedor del eterno femenino, Mérimée le seduce con estas palabras: «Es una mujer encantadora, una admirable amiga, un tipo muy completo y bellísimo de la mujer de Andalucía; le agradará a usted mucho por su ingenio y su naturalidad».
los griegos hubieran podido comprender a mi héroe, cuya historia viene al mundo un poco retrasada, cuando ya los muchachos de París y hasta los de Guatemala, que escriben revistas efímeras, se burlan de Stendhal y del mismísimo Paul Bourget.
Las dos hijas de la condesa, Eugenia y Paquita, se aficionaron a Stendhal. Las noches que iba a verlas eran noches extraordinarias que esperaban impacientemente porque se quedaban hasta más tarde en el salón.
Los personajes de Stendhal quedan aplastados por las apreciaciones del autor, apreciaciones mas o menos acertadas, pero que en nada contribuyan a la mayor gloria de los personajes, a quienes verdaderamente descubriremos en el instante en que escapan del poder de Stendhal.