Spencer


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s. m. INDUMENTARIA Y MODA Chaqueta corta, abierta y con solapas.

Spencer

 
Golfo del S de Australia, en el Índico.
Ejemplos ?
-murmuró reflexivamente Cortadillo. -El dinamismo incalculable de los hechos, amigo mío... Heriberto Spencer pone eso en su punto. -¿Y el duque?
Paralelamente surgía, muy ligada a las tesis liberales de Spencer, la idea de que, al igual que en la naturaleza, la lucha por la vida conducía a la supervivencia de las razas y pueblos más evolucionados, los cuales desempeñaban el papel de especies aptas e ineptas, dominantes y dominadas.
Hay épocas en que algunas ideas flotan en el ambiente, hacen parte de la atmósfera y penetran en los organismos más refractarios para recibirlas. Hasta Spencer, hasta el gran apóstol de la evolución antirrevolucionaria y conservadora, tiene ráfagas de anarquismo.
Pero el tiempo pasa, a pesar de que Spencer decía que no existía y Einstein afirme que es una realidad de la geometría euclidiana que no tiene minga que ver con las otras geometrías...
Y sobrándola, yo le decía "in mente": -Nena, no te hablaré del tiempo, del concepto matemático del rantifuso tiempo que tenían Spencer, Poincaré, Einstein y Proust.
–El funcionarismo. La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, que a manera de ciudadano griego que contaba para poco con la gente baja, estudia Spencer, es el socialismo.
Por ejemplo, Lastarría escribía orgulloso: “¿No habíamos partido nosotros, precisamente en los mismos momentos en que Augusto Comte hacía su curso, cuando apenas comenzaba la prensa a publicar su obra inmortal, que no ha llegado a Chile sino largos años después, no hemos partido de idénticas concepciones para fundar la Filosofía de la Historia?” Y Sarmiento decía: “… con Spencer me entiendo, porque andamos en el mismo camino”.
Entre los poetas ingleses de la antigüedad hubo muy pocos precoces. Se sabe poco de Chaucer, Shakespeare y Spencer. El mismo Shakespeare llama «primogénito de su invención»al poema Venus y Adonis, que compuso a los veintiocho años.
Es verdad que leía sin cesar; aunque no pareció revelársele la vocación hasta que leyó a los dieciséis años la Reina Encantada de Spencer: desde entonces sólo vivió para los versos.
Bajo la influencia de la obra de Darwin, publicada en 1859, Herbert Spencer concibió la sociedad como un superorganismo, que se adapta y readapta a los cambios exteriores.
El día en que el Estado se haga constructor, cree Spencer que, como que los edificadores sacarán menos provecho de las casas, no fabricarán, y vendrá a ser el fabricante único el Estado; el cual argumento, aunque viene de arguyente formidable, no se tiene bien sobre sus pies.
De aquel positivismo difuso, asistemático, autóctono, surge un nuevo pensamiento positivista, que pese al enorme prestigio de Comte y Spencer, y a la fuerza de atracción de sus sistemas, tampoco dio lugar a una asimilación mimética, ni a la copia mecánica de sus fórmulas o consignas.