Ejemplos ?
Efectivamente era: el paisano le venía a pedir, por favor, que le prestara diez pesos, porque tenía a la suegra muy enferma, y que la iba a tener que llevar al pueblo para hacerla ver, pues doña Simona la desahuciaba.
Grita el rapaz y amenaza el padre, y entre los gritos y las amenazas, óyese la voz de la tía Simona, desde el portal: -¡Ah, malañu pa vusotros nunca ni no!
Y murmurando así la tía Simona, deja las almadreñas a la puerta del estragal; cuelga la saya de bayeta con que se cubría los hombros, del mango de un arado que asoma por una viga del piso del desván; entra en la cocina, siempre seguida del chico, con la cesta que traía tapada con la saya; déjala junto al hogar; añade a la lumbre algunos escajos; enciende el candil, y va sacando de la cesta morcilla y media de manteca, un puchero con miel de abejas y dos cuartos de canela; todo lo cual coloca sobre el poyo y al alcance de su mano para dar principio a la preparación de la cena de Navidad, operación en que la ayuda bien pronto su hija, que entra con dos escalas de agua y protestando que «no ha hablao con alma nacía, y que lo jura por aquellas que son cruces...
La tía Simona, con el mango de la sartén en una mano y con una cuchara de palo en la otra, y acurrucada en el santo suelo, se cree más alta que el emperador de la China, y en más difícil e importante cargo que el de un embajador de paz entre dos grandes pueblos que se están rompiendo el alma.
Doña Simona abrió por fin la puerta y le anunció que era padre de un varón, agregando: -Es una monada, y se parece mucho a usted -lo que, a pesar de su modestia nativa, no dejó de gustarle algo al vasco; y, orgulloso, ensilló para ir a visitar a su vecino y amigo don Pedro Belloque, ofrecerle ese nuevo servidor y pedirle de ser su compadre.
No vaya a creerse que el tío Jeromo, porque tiene un hijo estudiante, es hombre rico, tomada la palabra en absoluto; el marido de la tía Simona tiene, para labrador, un pasar, como él dice.
Es preciso que hoy mismo me aviste con él. Sor Simona movió la cabeza: —Ya le digo que no piense en tales locuras. Yo me encargo de arreglar eso.
Sor Simona llegó a poco, y, sentándose a mi cabecera, comenzó: —He mandado un aviso al alcalde, para que aloje a la gente que usted trae.
Poco después, oíamos en el corredor una voz cascada y familiar, hablando con las monjas que respondían melifluas. Sor Simona murmuró: —Ya está ahí.
Huyendo, pues, de encontrarle en alguna calleja o sentado en el banco del portal de su padre, como suele estar todos los días, el seminarista ha salido tarde de su celda con el objeto de entrar de noche en el pueblo; y esto es lo que explica su tardanza, que ya va metiendo en cuidado a la tía Simona.
Sor Simona me dijo, mientras me ayudaba a descabalgar: —Aquí tenemos nuestro retiro, desde que los republicanos quemaron el convento de Abarzuza...
La monja, por ganar tiempo, había caminado toda la noche a pie, en medio de una tormenta, y al llegar fué tomada por visionaria. Era Sor Simona.