Semíramis

Semíramis (Semíramis)

 
(s. IX a C?) Reina legendaria de Asiria. Fue considerada prototipo de fuerza pasional, tema frecuente de obras artísticas y literarias. Se le atribuyen la fundación de rutas, templos, canales y ciudades, entre las que destaca Babilonia y sus jardines colgantes. Históricamente se cree que la leyenda estaba inspirada en la reina asiria Semmuramat.
Ejemplos ?
eres hidra en Salomé, en Brenda panteón de bruma, tempestad blanca en Satzuma, en Semíramis carcoma, danza de vientre en Sodoma y páramo en Olaluma!
Levantóse Constanza, oyendo esto, en pie, y en modo de burla, le dixo: -Hagamos, señor don Jorge, un concierto; y sea que como vos me hagáis en esta placeta que está delante de mi casa, de aquí a la mañana, un jardín tan adornado de cuadros y olorosas flores, árboles y fuentes, que ni en su frescura ni belleza, ni en la diversidad de páxaros quien él haya, desdiga de los nombrados pensiles de Babilonia, que Semíramis hizo sobre sus muros, yo me pondré en vuestro poder y haré por vos cuanto deseáis; y si no, que os habéis de dexar desta pretensión, otorgándome en pago el ser esposo de mi hermana, porque si no es a precio de arte imposible, no han de perder Carlos y Constanza su honor, granjeado con tanto cuidado y sustentado con tanto aumento.
De pronto llega Corina con la, túnica suelta, cubriendo con sus cabellos por ambos lados la marmórea garganta, cual se dice que la hermosa Semíramis se acercaba al tálamo nupcial, y Lais acogía a sus innumerables pretendientes.
Después a Polidegmon, de la sangre de Semíramis nacido, 85 y al caucasio Ábaris y al Esperquionida Liceto e intonso de pelo a Hélice, y a Flegias y a Clito abate y los erigidos montones de murientes pisa.
Abrió el herrero la fragua; los de la renta, el estanco; señó Benjumea, el ventorrillo; Don Juan Herrera, la tienda; y principió el palpitar febricitante, el hervir de la gran metrópoli. ¡Qué tiene qué ver la de Semíramis!
¿Usted sabe el trastorno que ocasionaría en la balanza de comercio, y cómo andaríamos todos aturdidos para buscar por esos mundos de Dios nuestras manufacturas y ciencias, si por una inesperada casualidad, a que todo está sujeto en la vida, le viniese en voluntad al señor Galli, por el quidlibet audendi, de dar un punto más alto que otro en el aria de la Semíramis la noche que menos estuviésemos preparados para este golpe horroroso?
De entonces que en su frente brillan las gotas de agua transparente, que el viento del estío seca, pasando con callado vuelo, y son las tenues perlas del rocío lágrimas de los ángeles del cielo. Reinas de los festines fueron en Grecia y Roma; Semíramis les daba sus jardines; Nerón gozaba en respirar su aroma.
II De Nínive en los mágicos pensiles No suenan ya las arpas cual solían Cuando en pos del crepúsculo venían Las horas del encanto; Languidecen en largos arriates Faltas de humor vivifico las flores Y enferma está Semíramis de amores Con dolorido llanto.
Como Fausto, había amado a Helena, y hubiera querido que las ondulaciones de los siglos llevaran hasta él una de esas personificaciones de los deseos y los sueños humanos, cuya forma, invisible para los ojos vulgares, sigue subsistiendo en el espacio y el tiempo. Se había compuesto un serrallo ideal con Semíramis, Aspasia, Cleopatra, Diana de Poitiers, Juana de Aragón.
Todo lo pueden el amor y el oro; y en las historias de otros tiempos hallo que Pasifae se prendó de un toro y Semíramis quiso a su caballo; con otros casos mil que, por decoro y por huir prolijidades, callo; y harto de Amor las fuerzas testimonia la reina de la antigua Babilonia.
–Pues aquel sujeto, ahí donde usted le ve tan bien vestido, suele traerme los días que hay apretura para ver la ópera algunos billetes, que le vendo por una friolera: al duplo o al triplo, según es aquélla; da una gratificación por una o dos docenas a quien se las proporciona a poco más del justo precio, y viene a sacar veinte, cuarenta o sesenta reales en luneta; estoy seguro que la Semíramis le ha valido más de tres onzas...
A la esposa de Nino encantadora Contestaron los regios mensajeros: -«Ara sigue a los gamos más ligeros «Con nítidos arpones; »Su corazón es duro como el pico »Que afila el voraz cuervo en una peña; »Vuestro trono, beldad, amor desdeña »Y lágrimas y dones.» El desprecio es ponzoña viperina, Áspid que vuelve con calor del seno De su frío sopor y da un veneno De muerte y cruda pena; Prontos están los rechinantes carros, Los corceles de guerra y duras lanzas; Llegó el día fatal de las venganzas: Semíramis lo ordena.