Segismundo

Segismundo (Zygmunt)

 
Nombre de varios reyes de Polonia.
Segismundo I (1467-1548) Rey de Polonia en 1506-48, sucesor de su hermano Alejandro I. Fomentó las artes y las letras.
Segismundo II (1520-72) Rey de Polonia en 1548-72, hijo de Segismundo I. Permitió la implantación de la Reforma y acogió a los jesuitas.
Segismundo III (1566-1632) Rey de Polonia en 1587-1632 y de Suecia en 1592-99, hijo de Juan III de Suecia. En Polonia persiguió a los protestantes.
Ejemplos ?
Penetra Shakespeare en la intra-historia romana y en la del alma con Hamlet, encarnación de humanidad tan profunda como el alegórico Segismundo, más viva.
Se sentó de nuevo para terminar la carta a Clara, pero una mirada hacia la ventana le hizo ver que Olimpia aún estaba allí sentada, y al instante, empujado por una fuerza irresistible, cogió los prismáticos de Cóppola y ya no pudo apartarse de la seductora mirada de Olimpia hasta que vino a buscarle su amigo Segismundo para asistir a clase del profesor Spalanzani.
No está mal que soñemos pero acordándonos, como Segismundo, de que hemos de despertar de este gusto al mejor tiempo, atengámonos a obrar bien.
―Dime, por favor, amigo ―le dijo un día Segismundo―, dime, ¿cómo es posible que una persona sensata como tú se haya enamorado del rostro de cera de una muñeca?
Nataniel iba a responder encolerizado, pero se tranquilizó y contestó: ―Dime, Segismundo, ¿cómo es posible que los encantos celestiales de Olimpia hayan pasado inadvertidos a tus clarividentes ojos?
Pero agradezco al destino el no tenerte como rival, pues uno de los dos habría tenido que morir a manos del otro. Segismundo se dio cuenta del estado de su amigo y desvió la conversación diciendo que en amor era muy difícil juzgar, para luego añadir: ―Es muy extraño que la mayoría de nosotros haya juzgado a Olimpia del mismo modo.
Nataniel no quiso abandonarse a la amargura que provocaron en él las palabras de Segismundo, hizo un esfuerzo para contenerse y respondió simplemente muy serio: ―Para vosotros, almas prosaicas y frías, Olimpia resulta inquietante.
Así hablaba Clara, llena de ternura, abrazando a Nataniel que murmuró entre lágrimas: ―¡Clara, mi Clara! Segismundo, que no había abandonado a su amigo, entró en la habitación.
Solo cuando Segismundo fue a despedirse de él le dijo: ―Bien sabe Dios, hermano, que estaba en el mal camino, pero un ángel me ha conducido a tiempo al sendero de la luz.
Ese ángel ha sidu Clara. Segismundo no le permitió seguir hablando temiendo que se hundiera en dolorosos pensamientos. Llegó el momento en que los cuatro, felices, iban a dirigirse hacia su casa de campo.
Y nosotros le volvíamos tarumba negando la elocuencia de don Segismundo, el acierto de don Francisco y los gorgoritos de la diva.
-Pero, en fin, acaba tu historia y luego veremos si tienes la cantidad que necesitamos. -respondió Segismundo. -¿Cuánto necesitáis?