Schlegel

Schlegel

 
Nombre de una familia de literatos, poetas, historiadores y críticos alemanes, cuyos miembros más destacados fueron los dos hermanos August Wilhelm (1767-1845), filólogo, poeta, traductor, crítico y orientalista, y Friedrich (1772-1829), erudito, orientalista, helenista, poeta, teólogo y filósofo. August Wilhelm tradujo obras de Dante, Shakespeare y revalorizó el teatro español (Teatro español, 1803 y 1809). Entre los ensayos y estudios literarios de Friedrich, merecen destacarse: Historia de la poesía de griegos y romanos (1798) e Historia de la literatura antigua y moderna (1815).
Ejemplos ?
Schindler fue detenido en varias ocasiones en 1931 y 1932 por embriaguez pública y por entonces también mantuvo una relación con Aurelie Schlegel, amiga de la infancia.
En 1795 apareció por primera vez la revista mensual Die Horen; en ella colaboraron los autores más famosos como Johann Gottfried Herder, Johann Gottlieb Fichte, August Wilhelm Schlegel, Wilhelm von Humboldt, Alexander von Humboldt, Johann Heinrich Voss y Friedrich Hölderlin.
Diderot practica cien oficios por más de veinte años y va de taller en taller acoplando materiales para la Enciclopedia, Rousseau medita seis o siete horas buscando la palabra más precisa, Goethe se confunde con los estudiantes alemanes para escuchar las lecciones del anatomista Wilhelm Loder, Wilhelm Schlegel emprende a los cincuenta años el estudio del sánscrito, Balzac sucumbe estenuado por la fatiga, Bello aprende griego en la vejez i copia sus manuscritos hasta ocho veces.
Este sentimiento del deber admirémosle con el gran Schlegel, que ha dicho que «las dos cosas mas bellas que conocía, eran el cielo estrellado sobre nuestras cabezas, y el sentimiento del deber en nuestro corazón.» Corrieron, entre tanto, los años: el conde había envejecido, y veía acercarse su fin.
Algunos extranjeros de nuestros días, a modo de arqueólogos y numismáticos empeñosos, se han propuesto desenterrar las riquezas que se decían desconocidas e ignoradas; dándonos ya colecciones de poesías antiguas castellanas, ya ediciones lujosas de Calderón o de Lope de Vega. El crítico Schlegel ha levantado hasta las nubes a éstos y los demás infinitos dramáticos de la península.
A nadie respeta: zahiere a Schlegel, Hegel i Boerne, arremete contra Goethe, no perdona poeta de Suevia, se ríe socarronamente de Madame Stäel, moteja a Ballanche, llama a Villemain "un dómine ignorante", a Chateaubriand "un loco lúgubre", a Víctor Hugo "un hombre jorobado moralmente".
A nadie respeta: zahiere a Schlegel, Hegel y Boerne, arremete contra Goethe, no perdona poeta de Suevia, se ríe socarronamente de Madame Stäel, moteja a Ballanche, llama a Villemain "un dómine ignorante", a Chateaubriand "un loco lúgubre", a Víctor Hugo "un hombre jorobado moralmente".
Al panteón de los inmortales no suelen traer los escritores sino a Cervantes, de parte de España; Cervantes, su única gloria, dicen, particularmente los franceses. Schlegel, a título de sabio, no ignora que España ha producido también un Calderón; y este buen clérigo entra como poeta de alto coturno en la crítica de ese soberano repartidor de la gloria.
El mismo confesó que en su Intermezzo lírico había imitado la cadencia de los lieder compuestos por Wilhelm Müller, que antes de aprender en las obras de Wilhelm Schlegel los secretos de la métrica había cedido al influjo del canto popular jermánico.
Por eso el clasicismo de Racine i Boileau no pudo arraigar en España, que se manifestó romántica con Lope de Vega i Calderón, antes que Alemania pon Tieck i Schlegel, antes que Francia con Madame Stael i Chateaubriand.
En Alemania fueron los Schlegel, los Tieck, los Novalis, los Werner, fue Schellíng, y tantos otros aun cuyos nombres no merecen siquiera ser mencionados.
Él mismo confesó que en su Intermezzo lírico había imitado la cadencia de los lieder compuestos por Wilhelm Müller, que antes de aprender en las obras de Wilhelm Schlegel los secretos de la métrica había cedido al influjo del canto popular germánico, y tuvo razón: anteriormente a Wilhelm Müller, anteriormente a Goethe, el lied existía con toda su frescura, con toda su sencillez, con toda su flexibilidad.