Sardes

Sardes (Sárdeis)

 
Antigua c. de Asia Menor, en la actual Turquía, cap. del reino de Lidia.
Ejemplos ?
De esto se queja amargamente el famoso sofista de Sardes, deplorando la ruina del templo de Serápis en Canopa, que fué demolido por órden del emperador Teodosio I el año de 389.
Pues los mares oteando ampliamente se yergue, arduo en su alto 150 ascenso, el Tmolo, y por sus pendientes ambas extendiéndose, en Sardes por aquí, por allí en la pequeña Hipepa termina.
Según Heródoto, Creso se retiró para pasar las estaciones frías y esperar refuerzos de su aliado Amasis II de Egipto y de la ciudad griega de Esparta. Pero fue perseguido por los persas hasta su capital, Sardes, y sitiado.
C., Jerjes abandonó Sardes al frente de su ejército, desencadenando así la Segunda Guerra Médica contra la alianza griega de Atenas y Esparta.
Creso creía a Sardes inexpugnable y, pensando en un largo asedio, mandó más emisarios a los aliados, a los efectos de pedirles que descartaran el tiempo de espera antes notificado y fueran en su auxilio lo antes posible.
Cuando Tisafernes advirtió el engaño, volvió sobre sus pasos, pero en la batalla fue ampliamente derrotado a orillas del río Pactolo, aunque Sardes no pudo ser tomada.
Comprendiendo Creso al día siguiente que su ejército era menor en número, decidió volver a Sardes y pedir auxilio a los egipcios y babilonios, con cuyos respectivos reyes Amosis II y Labineto (probablemente Nabonido) tenía concertada una alianza.
Al regresar de Capadocia a su capital, Sardes, Creso mandó emisarios a sus aliados para que confluyeran en la ciudad en cuatro meses, La traducción de Bartolomé Pou señala el tiempo de espera referido para el encuentro con los aliados en cinco meses.
Reunido el ejército en Sardes, éste inició su marcha lentamente hacia el este a través de las tierras de Ciro mientras se les unían más mercenarios, atravesando luego Cilicia y Siria sin tener enfrentamiento alguno con tropas de Artajerjes, advertido ya de la conspiración.
Tisafernes esta vez no fue engañado por el lacedemonio sino por sí mismo, ya que creyó que esta vez sí que marcharía contra la Caria. Sin embargo Agesilao hizo lo que había dicho que haría, marchar hacia Lidia contra Sardes sin oposición.
Inmediatamente después de esta rebelión, Jerjes, Mardonio, Megabizo y otros cuatro importantes comandantes pudieron dirigirse al oeste a Sardes, donde un gran ejército estaba siendo formado.
Había rumores inquietantes y Jerjes decidió que era mejor volver a Sardes, desde donde podría vigilar Grecia y Babilonia a distancia razonable.