Ejemplos ?
La mayoría de la nación ha ignorado siempre la situación geográfica de sus dominios; le ha ocurrido como a Sancho Panza, que nunca supo dónde Estaba la ínsula Barataria ni por dónde se iba a ella ni por dónde se venía, lo cual no le impidió dictar preceptos notables que si los hubieran cumplido hubieran dejado tamañitas a nuestras famosas leyes de Indias, a las que tampoco se dio el debido cumplimiento, por lo mismo que eran demasiado buenas.
SANCHO MONTERO: Todo está bien, Estrella; que los hombres somos dos ya lo veo, voto a Dios; mas si tú no, ¿quién es ella? ESTRELLA: Secreto debiera ser ese nombre, mas, Montero, si tú lo quieres...
-Todo lo que, señor, decís es verdad -respondió el mancebo-, que don Sancho no tiene más de una hija, pero no tan hermosa como su fama dice; y si yo dije que era hijo de don Enrique, fue porque me tuviésedes, señores, en algo, pues no lo soy sino de un mayordomo de don Sancho, que ha muchos años que le sirve, y yo nací en su casa; y, por cierto enojo que di a mi padre, habiéndole tomado buena cantidad de dineros, quise venirme a Italia, como os he dicho, y seguir el camino de la guerra, por quien vienen, según he visto, a hacerse ilustres aun los de escuro linaje.
En 1619 Don Esteban García Chuquimarca y Don Francisco Choco pidieron información acerca de las muchas y continuas muertes, ahogamientos y agravios que sufrían los naturales de las provincias de Cañaribamba y Pacaibamba, que iban a hacer su mita en la villa de Zaruma, por el rodeo del camino de Zaraguro. El Corregidor de Cuenca, Don Sancho Fernández de Miranda recibió a los testigos el 2 de Enero de 1619.
La tercera y principal es el contorno aéreo, pero colosal, que ha sabido dar Cervantes a su héroe; cada cual tiene en su imaginación un tipo particular de don Quijote y Sancho, una idea fantástica, un bello ideal en el género, a que la realidad jamás podrá llegar.
En la Ciudad de San Francisco del Quito, cuatro días del mes de Mayo de mill y seiscientos y diez anos el Cabildo, Justicia y Regimiento de esta Ciudad, se juntaron a Cabildo, como lo han por uso y por costumbre, conviene a saber: el General Don Sancho Díaz de Zurbano Corregidor de esta Ciudad y su tierra...
Oigamos, para prueba incontestable, lo que una noche hablaban a una reja un paje de don Sancho y una amable y hermosa dama que de amor le escucha plática dulce con paciencia mucha; y las palabras nos dirán de Estrella lo que ignoraba aún Sancho Montero, que aquél era, lector, el nombre de ella, y éste el nombre también del caballero.
ESTRELLA: Pues bien, Sancho, ya que celos me pides con tal furor, fuerza es aclarar tu error. ¡Perdónemelo los cielos! Un hombre me dices que entra de noche por mi ventana, y sale muy de mañana: causa tu furor encuentra para irritarte, es así; entra en mi aposento un hombre, pero que entre no te asombre, Sancho, que no entra por mí.
Y lo más de mi labor ha sido siempre inquietar a mis prójimos, removerles el poso del corazón, angustiarlos, si puedo. Lo dije ya en mi Vida de Don Quijote y Sancho, que es mi más extensa confesión a este respecto.
El 13 de Febrero de 1617, Don Esteban García Chuquimarca, Cacique principal y Gobernador de la provincia de Cañaribamba, de la Encomienda de Ortega de Valencia; Don Diego Guaycha, Cacique Gobernador del pueblo de Narancay de la misma Encomienda; Don Francisco Choco, Cacique principal de la provincia de Pacaibamba; y Don Gaspar Naveasaca, igualmente Cacique y Gobernador, en su nombre y en el de los demás indios y naturales a ellos sujetos, se presentaron ante el Maestre de Campo Don Sancho Fernández Miranda, Corregidor y Justicia y Juez de Residencia de Cuenca.
Con esta dádiva quedaron más blandos que unas martas; sólo a Preciosa no contentó mucho la quedada de don Sancho, que así dijo el mozo que se llamaba; pero los gitanos se le mudaron en el de Clemente, y así le llamaron desde allí adelante.
A esto dijo don Rafael que él conocía bien a don Enrique de Cárdenas, pero que sabía y tenía por cierto que no tenía hijo alguno; mas que si lo había dicho por no descubrir sus padres, que no importaba y que nunca más se lo preguntaría. -Verdad es -replicó el mozo- que don Enrique no tiene hijos, pero tiénelos un hermano suyo que se llama don Sancho.