Sagunto

Sagunto (Sagunt)

 
Mun. de la prov. española de Valencia, cab. de p. j.; 56 836 h. Cítricos, arroz y frutales. Altos hornos; química, cemento y calzado. Puerto comercial. Conserva las ruinas de la antigua c. con restos ibéricos, griegos, romanos y árabes. En 219 a C, Sagunto, entonces aliada de Roma, fue tomada y destruida por Aníbal tras heroica resistencia. Desde la Edad Media hasta 1868 fue llamada Morvedre.
Ejemplos ?
Así pasó la gloria de Numancia y la brava arrogancia de la fuerte Sagunto, porque la tierra toda es sólo un punto de la circunferencia de los cielos ...
HOYA DE BUÑOL: Alborache, Alfarp, Buñol, Catadau, Cortes de Pallas, Cheste, Chiva, Dos Aguas, Godelleta, Llombai, Macastre, Monserrat, Montroy, Real de Montroi, Turis, Yatova. SAGUNTO: Albalat Dels Tarongers, Alfara de Algimia, Algar de Palancia, Algimia de Alfara, Benavites, Benifairo de les Valls, Canet D’en Berenguer, Quart de les Valls, Quartell, Estivella, Faura, Gilet, Massalfassar, Massamagrell, Museros, Naquera, Petres, Pobla de Farnals (La), Puig, Puçol, Rafelbuñol/Rafelbunyol, Sagunto/Sagunt, Segart, Serra, Torres Torres.
Como la Península quemó a Sagunto, Cuba quemó a Bayamo; la lucha que Cuba quiso humanizar, sigue tremenda por la voluntad de España, que rechazó la humanización; cuatro años ha que sin demanda de tregua, sin señal de ceder en su empeño, piden, y la piden muriendo, como los republicanos españoles han pedido su libertad tantas veces, su independencia de la opresión, su libertad del honor.
— La Iberia altiva, como severa reina destronada, dobló la frente ensangrentada al yugo, mas no su corazón — eterna hoguera en que la llama de Sagunto ardía con rojizo fulgor.
Si has leído la historia de Nimianda y Sagunto, la memoria imprime en tu vil pecho la opinión, la justicia y el derecho, con que á todo viviente natura lo conserva, y libremente lo conduce al empeño de defender aquello de que es dueño.
Decididamente tengo mucho aquel y mucho garabato para con las hembras, y a la que le guiño el ojo izquierdo, que es el del corazón, no le queda más recurso que darse por derrotada». «Yo domino de todas la arrogancia, conmigo no hay Sagunto ni Numancia...».
Jaime el Conquistador que hace cristianas a Valencia y Mallorca llenando con su nombre un siglo; y en los principios del siglo actual cuando los vicios y torpezas de un privado entregan a la patria en manos de Napoleón, aquellas Cortes famosas, muertas a mano airada por los Austrias, vuelven a la vida evocadas por el ínclito Palafox que reúne a los cuatro estamentos o brazos, para acordar en la memorable legislatura que solo duró un día la guerra al extranjero, y organizar aquella lucha titánica que renueva en la inmortal Zaragoza los laureles siempre frescos de Sagunto y Numancia.
Allí, en tropel confuso, los histriones con la careta cómica, ora al viejo lascivo remedaban o a la esclava astuta y corruptora, al pendenciero legionario, a la impura cortesana de los suburbios, al villano ebrio y al codicioso mercader, que pueblan las fábulas de Plauto y de Terencio. Y la escena borrábase y vela sobre los muros al heroico pueblo de Sagunto inmortal.
No, en ninguna comarca de la tierra, el duro imperio de una raza sobre otra o de un tirano sobre todas las razas, con tan ciego furor se disputó como en los valles que verdes a mis pies se abren risueños. Aquí, sin un cobarde, el pueblo todo de Sagunto murió.
Pero luego cayeron sobre los enemigos con mayor violencia las dos Caroleas, Carlos famoso, la Hesperoida, las traducciones de Ariosto, el Poema de San Rafael, la Mejicana de Gabriel Laso, la Conquista de Sevilla en cuartetas, el César africano, la Nueva Méjico de Villagrán, la Argentina de Centenera, Sagunto y Cartago...
Mientras andábase en estas dilaciones, la infeliz Sagunto, ciudad opulentísima y aliada de la República romana, fue destruida por los cartagineses al cabo de ocho o nueve meses de cerco, cuya ruina causa horror al leerlo, cuanto más al escribir cómo aconteció; sin embargo, la referiré brevemente, porque interesa al asunto que tratamos.
Sean tu objeto los héroes españoles, las guerras, las victorias y el sangriento furor de Marte. Dinos el glorioso incendio de Sagunto, por la furia de Aníbal atizado, o de Numancia, terror del Capitolio, las cenizas.