Ejemplos ?
Entretanto, la contempla con sus ojos de mármol una Diana que se alza irresistible y desnuda sobre su plinto; y le ríe con audacia un sátiro de bronce que sostiene entre los pámpanos de su cabeza un candelabro; y en el asa de un jarrón de Rouen lleno de agua perfumada, le tiende los brazos y los pechos una sirena con la cola corva y brillante de escamas argentinas, mientras en el plafón, en forma de óvalo, va por el fondo inmenso y azulado sobre el lomo de un toro robusto y divino, la bella Europa, entre delfines áureos y tritones corpulentos que sobre el vasto ruido de las ondas, hacen vibrar el ronco estrépito de sus resonantes caracoles.
APÍTULO I Yonville l’Abbaye (así llamado por una antigua abadía de capuchinos de la que ni siquiera quedan ruinas) es un pueblo a ocho leguas de Rouen, entre la carretera de Abbeville y la de Beauvais, al fondo de un valle regado por el Rieule, pequeño río que desemboca en el Andelle, después de haber hecho mover tres molinos hacia la desembocadura, y en el que hay algunas truchas que los chicos se divierten en pescar con caña los domingos.
Ella le encantaba por un sinfín de delicadezas: ya era una nueva manera de recortar arandelas de papel para las velas, un volante que cambiaba a su vestido, o el nombre extraordinario de un plato muy sencillo, y que le había salido mal a la muchacha, pero que Carlos se comía con satisfacción hasta el final. Vio en Rouen a unas señoras que llevaban en sus relojes un manojo de colgantes; ella se compró algunos.
Hasta 1835 no había ninguna carretera transitable para llegar a Yonville; pero hacia esta época se abrió un camino vecinal que une la carretera de Abbeville a la de Amiens, y sirve a veces a los carreteros que van de Rouen a Flandes.
También el peluquero se lamentaba de su vocación frustrada, de su porvenir perdido, y soñando con alguna peluquería en una gran ciudad, como Rouen por ejemplo, en el puerto, cerca del teatro, se pasaba todo el día paseándose a lo largo, desde el ayuntamiento hasta la iglesia, taciturno y esperando la clientela.
Había infringido la ley del 19 ventoso 34 del año XI, artículo 1.°, 48, que prohíbe a todo individuo que no posea diploma el ejercicio de la medicina; de modo que, por denuncias oscuras, Homais había sido llamado a Rouen a comparecer ante el fiscal del rey en su despacho particular.
Finalmente, Lheureux le explicó que un amigo suyo, Vinçart, banquero en Rouen, iba a descontar aquellas cuatro letras y luego él mismo entregaría a Madame el sobrante de la deuda real.
Sin embargo, ella replicó con naturalidad: ¡Ah!, ¿sin duda, había olvidado mi nombre? ¿Pero quizás hay en Rouen dijo el médico varias señoritas Lempereur que son profesoras de piano?
Una mañana que acababa de salir, según su costumbre, bastante ligera de ropa, empezó a nevar de pronto; Carlos, que observaba el tiempo desde la ventana, vio al abate Bournisien que iba para Rouen en el cochecito del señor Tuvache.
Por fin, Carlos, habiendo cerrado la puerta, le rogó que se enterase en Rouen de lo que podía costar un buen daguerrotipo(1); era una sorpresa sentimental que reservaba a su mujer, una atención fina, su retrato en traje negro.
Si la señora quiere honrarme usándola dijo el farmacéutico, que acababa de oír estas últimas palabras, yo mismo tengo a su disposición una biblioteca compuesta de los mejores autores: Voltaire, Rousseau, Delille, Walter Scott, L'Echo des Feuilletons, etc., y recibo, además, diferentes periódicos, entre ellos el Fanal de Rouen, diariamente, con la ventaja de ser su corresponsal para las circunscripciones de Buchy, Forges, Neufchátel, Yonville y los alrededores.
Entró. El gran sillón estaba caído, a incluso El Fanal de Rouen yacía en el suelo, extendido entre las dos manos del mortero. Empujó la puerta del pasillo, y en medio de la cocina, entre las tinajas oscuras llenas de grosellas desgranadas, de azúcar en terrones, balanzas sobre la mesa, barreños al fuego, vio a todos los Homais, grandes y pequeños, con delantales que les llegaban a la barbilla y con sendos tenedores en la mano.