Roldán

Roldán (Roland)

 
Héroe caballeresco, uno de los doce pares de Carlomagno, al que acompañó en su expedición a España; murió en Roncesvalles. El Cantar de Roldán, el más notable de los cantares de gesta franceses, surgido a principios del s. XII, revivió el recuerdo de aquella oscura acción de guerra. Roldán pasó a ser una de las figuras legendarias más famosas del Medievo.
Traducciones

Roldán

SMRoland
Ejemplos ?
Juan López, Agustín Gibanel, Ricardo Fornells, José Girona, Daniel Navarro, Jesús Rodríguez, Antonio Valladriga, Ángel Pestaña, Miguel Portoles, Joaquín Roura, Joaquín Lorente, Progreso Alfarache, Antonio Peñarroya, Camilo Piñón, Joaquín Cortés, Isidoro Gabín, Pedro Massoni, Francisco Arín, José Cristiá, Juan Dinarés, Roldán Cortada, Sebastián Clará, Juan Peiró, Ramón Viñas, Federico Uleda, Pedro Cané, Mariano Prat, Espartaco Puig, Narciso Marcó, Jenaro Minguet.
-Repito a usted, viejo tonto, que para usted no gasto armas. El marqués amartilló un pistolete, hizo fuego, y Baldomero Roldán cayó Con el cráneo destrozado.
Y su merced el Capitán Don Iñigo de Cisneros y Mendoza, Alcalde Ordinario, pidió solares para el Capitán Pedro de Chavarri; y para el Sargento Martín se Cervantes; y para Mateo de Ávila; y para Doña María Tomalá; y para Antonio Fernández; y para el Capitán Alonso Crespo. Y, asimismo, pidió para María Roldán y para Faustina de Morillo.
Quedó el general Racedo en ver al comandante José García, feje del 9º de línea, pero no pudo hacerlo. Don Natalio Roldán y yo hicimos ver al capitán Mon, 2º jefe del 9º, con su propio señor padre, para que entrara a la revolución.
Ganaban todos los cerros que querían, desde el salto de Roldán al pico de Serantes; pero los cerros allí se quedaban, y á la retirada cada desfiladero era un Roncesvalles.
Baldomero Roldán hallábase ese domingo entre otros casquivanos, apoyado en uno de los cañones que sustentaban la cadena que hasta hace pocos años se veía frente a la puerta lateral de Santo Domingo, cuando cinco minutos antes de las doce se le acercó el marqués de Santa Rosa, y poniéndole la mano sobre el hombro le dijo casi al oído: -Baldomero, ármese usted dentro de media hora, si no quiere que lo mate sin defensa y como se mata a un perro rabioso.
Y hacía cerca de siete que tenía a su único hijo, don Raimundo Roldán de Cadenas, estudiando o paseando y holgando en Madrid, pues sobre este punto difieren no poco los autores.
«Veremos de los dos cuál es más bruto. ::Si Roldán eres tú, soy Ferraguto». Y sorprendiendo a los insurgentes, cogió algunos centenares de ellos, los enterró vivos en una pampa, dejándoles en descubierto la cabeza, y mandó que un regimiento de caballería evolucionase al galope.
Como era natural no les creímos, pero diputamos al doctor Alem para que hablara con el capitán Roldán y le explicara los graves motivos que nos imponían la demora.
Y en efecto, Roldán, que en la comedia era una apreciable medianía, no ha encontrado hasta hoy, en nuestro proscenio, según el sentir de muy entendidos críticos, un digno rival en la tragedia.
-Un armisticio para enterrar a los muertos entre los cuales se encuentra el coronel Julio Campos, hermano de nuestro general, el capitán Roldán, el doctor Villanueva y otros.
Cuando alguna vez hemos aplaudido a O'Loghlin en Ricardo III y Sullivan, a Manuel Dench en el Cardenal Montalto, a Jiménez en Dos horas de favor, a Casacuberta en los Escalones del crimen, a Aníbal Ramírez en las comedias de Rodríguez Rubí, a Lutgardo Gómez en Traidor, inconfeso y mártir, a Torres en Luis XI, a Valero en el Músico de la murga o a Burón en el Drama nuevo, y manifestado nuestro entusiasmo a un anciano que la casualidad nos deparaba por vecino de luneta, siempre hirió nuestros oídos esta contestación: «¡Psche! No está mal ese actor... Pero si usted hubiera conocido a Roldán... ¡Oh, Roldán!...