Ejemplos ?
Los batavos son los más valerosos de estas naciones. No tienen mucha tierra en la ribera del Rhin, pero ocupan una isla de él. Antiguamente fue pueblo de los catos, y, por las disensiones que hubo entre ellos, pasó a estas tierras, para hacerse en ellas parte del imperio romano.
Que el de Germania es nuevo, y añadido poco ha, porque los primeros que pasaron el Rhin y echaron a los Galos de sus tierras, se llamaron entonces Tungros, y ahora se llaman Germanos.
Cruzó la cordillera de los Andes y recorrió las pampas arjentinas; navegó por los rios del Paraguai, penetrando hasta el corazon de la América del Sur, y, por fin, visitó la isla de Cabo Verde, las Canarias, Madera, Cerdeña, Corfú, Herzegoveria, Bosnia, provincias del Rhin, Leipzig, Gotta, Hesse-Cassel, Luxemburgo.
En las ásperas costas africanas, Al náufrago inhumanas, Yo tu sagrado nombre repetía; Y las inquietas olas Llevábanlo a las costas españolas En el polo apartado Oyólo de mi labio el mar furioso, Por el tesón del batávo enfrenado; Oyóle el Rhin, el Ródano espumoso, El alto Pirineo, el Apenino; Y del Vesubio ardiente En el cóncavo hueco Por vez primera repitiólo el eco.
También traen pellejos de fieras, los que están cerca de la de la ribera del Rhin, sin ningún cuidado en esto; pero los que viven la tierra adentro, con más curiosidad, como quien no tiene otro traje aprendido con el comercio y trato de los nuestros.
El artista nos introduce en un amplio y ameno paisaje, una llanura tapizada de verde hierba y surcada por mansos arroyuelos, tras la cual distingue la vista un accidentado país, con montañas y ciudades a la derecha, como en las orillas del Rhin.
Los caminos de los Pirineos a los Alpes, de Parma a Spezza, de Savona al Piamonte, el Puente de Jena, el de Austerlitz, de las Artes, de Sevres, de Tour, de Rouanne, de Lion, de Turin, de L'Isére, de la Durance, de Bordeaux, de Ruen, &c., el canal que une el Rhin con el Rhone por Doubs...
Los treveros y los nervios desean y procuran con grande ambición que su origen sea de Alemania, como si por esta gloria de la casta dejaran de parecerse a los galos en el talle y en la flojedad. Los vangiones, trebocos y nemetes, que habitan la ribera del Rhin, sin duda son germanos.
Que habiendo éstos pasado antiguamente el Rhin, por las muchas pruebas que hubo de su fidelidad, los pusieron sobre la misma ribera, no para ser guardados, sino para que rechazasen al enemigo.
Cuando el enemigo esté al otro lado del Rhin, creedme, guardad vuestras fronteras y quedaos en casa; reanimad vuestro comercio, dad de nuevo energía y salidas a vuestras manufacturas; haced florecer vuestras artes, animad la agricultura, tan necesaria en un gobierno como el vuestro y cuyo espíritu debe poder abastecer a todo el mundo sin que nadie pase necesidad; dejad a los tronos de Europa desmoronarse por sí mismos; vuestro ejemplo, vuestra prosperidad los derrocarán pronto sin que tengáis necesidad de intervenir.
Del Rhin en la orilla helada, abrumado de sí mesmo, Vargas proscripto gemía, su fortuna maldiciendo, cuando noticias recibe de que la patria le ha abierto las puertas...
Los que interpretan majistralmente a los alemanes imprimen el cuño español en el oro del Rhin; pero los que traducen al Heine de las traducciones francesas, los que imitan o calcan a Bécquer ¿se penetran del espíritu jermánico?