Reinaldo


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Reinaldo

Rinaldo

Reinaldo

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Ejemplos ?
Angélica a Reinaldo muestras bella cuando él todo fealdad cree ella que excede; cuando ella a él admiró y lo amaba ella, él a ella odió, cuanto odiar hombre puede.
Después de tanto afán, no sé otra maña que más nos favorece y menos daña.» No disgustó al pagano la propuesta: así aplazaron ambos hacer saldo; y tanto el odio e ira así se arresta, tal fianza y tregua nace y tal respaldo; que el pagano al partirse a la floresta no deja a pie marchar al buen Reinaldo; antes le ruega que en la grupa salga y allá adonde va Angélica cabalga.
Y, como no sabían si por una u otra senda sigue la doncella, (porque las dos sin diferencia alguna mostraban el tener reciente huella), fïaron al albur de la fortuna: Reinaldo a ésta, el sarraceno a aquélla.
Y, si aún deseas tener un yelmo fino, otro con más honor gana y recobra; así uno cala Orlando paladino, Reinaldo otro, y quizás de mejor obra; fue aquel de Almonte, y este de Mambrino.
Después de que subió tanto que un punto lo juzga apenas quien del suelo mira, toma la dirección hacia aquel punto en que cae el sol, cuando por Cáncer gira; y cruza el aire como nave al punto que sobre el mar propicio viento tira. Dejémoslo, que hará largo camino, y hablemos de Reinaldo paladino.
POR EL GOBIERNO DE LA REPUBLICA ARGENTINA Néstor Kirchner – Jorge Taiana POR EL GOBIERNO DE LA REPUBLICA FEDERATIVA DEL BRASIL Luiz Inácio Lula Da Silva – Celso Luiz Nunes Amorim POR EL GOBIERNO DE LA REPUBLICA DEL PARAGUAY Nicanor Duarte Frutos – Leila Rachid POR EL GOBIERNO DE LA REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY Tabaré Vázquez – Reinaldo Gargano
Astolfo un tiempo fui, un tiempo cuando era de Francia par, temido en guerra, y primo de Reinaldo era y de Orlando, cuya fama ningún límite encierra; yo esperaba heredar un día el mando con que mi padre Otón rige Inglaterra.
En cuanto vio la tímida doncella salir del fiero golpe tanta ruina, del temor demudó la cara bella, cual reo que al suplicio se avecina; y juzga no esperar a más, que ella botín no quiere ser del que abomina, de aquel Reinaldo que ella tanto odiaba cuanto a ella él míseramente amaba.
Surca Reinaldo el agua largamente dos días a merced del crudo viento, que ya contra la Osa o ya a poniente, no ceja en su agitado movimiento.
Rota el asta, Reinaldo el corcel vuelve tan veloz que parece ser Pegaso, e impetuoso y bravo se revuelve allá donde hay más densa chusma al caso.
Allí Gradaso está, allí Sacripante, allí Prasildo, el noble caballero que vino con Reinaldo de Levante, e Iroldo allí, su amigo verdadero.
Gritó altivo Reinaldo al sarraceno: «Apéate, ladrón, de mi caballo, que ver lo mío no sufro en puño ajeno y sé hacerlo pagar al que en tal hallo.