Regina

Regina

 
C. del centro-S de Canadá, cap., de la prov. de Saskatchewan; 179 178 h.
Traducciones

Regina

regina
Ejemplos ?
Cada una se componía de un matrimonio y una hija, siendo ambas niñas de la misma edad, circunstancia por la que, más bien que por sus gustos e inclinaciones, eran amigas inseparables. Regina tenía diez años; era hermosa, elegante, pero altiva; sus padres ricos labradores, no se negaban jamás a satisfacer sus caprichos, y los tres habitaban una preciosa quinta rodeada de un extenso jardín.
Don Elías, dueño de varias fábricas de quincalla y del mejor bazar de la calle de Atocha, había perdido la cuenta del tiempo que llevaba cortejando a la desdeñosa Regina, hija de doña Andrea, la directora del colegio de niños de la plazuela de Santa Cruz.
Regina era una rubia airosa, aseñoritada como pocas, instruidita, soñadora por naturaleza y también por haber leído bastante historia, novela, versos, cosas de amores...; amén de su afición al teatro, insaciable; no al teatro alegre ni sicalíptico: a los dramas y a las comedias serias y sentimentales.
La orgullosa Regina miraba con desdén a la sencilla Aurora, y exclamaba interiormente: -¡Qué humillada se verá mañana cuando compare el efecto que producen sus dones con el que harán los míos!
Sería exceso llamar hermosa a Regina; pero tenía atractivo, elegancia, un modo de ser muy superior a su esfera social, y su cuerpo mostraba líneas de admirable concisión, realzadas por el vestir sencillo y delicado, a la francesa.
¡Y con qué gracia nosotros, sin reparar en frioleras, parangonizamos mellizos a mellizos, haciendo saber al mundo que nuestra princesa había dado a luz un Esaú brutal, un Rómulo fratricida, y lo que es más lindo (porque al fin todo iba dentro del par de huevos mitológicos), una Clitemnestra y una Elena disolutas, pérfidas y crueles, que todo esto dijimos, muy arropados con nuestra licencia poética, en elogio de los dos malogrados infantes, infandum regina jubes, como dijo allá el filósofo.
¡Aquél, sí! ¡Una palabra de aquél! Regina, en secreto y sin ridículas apariencias, sufría el largo y cruel proceso de la fiebre amorosa.
Hubo noches de insomnio y días de desgano; hubo lágrimas involuntarias y hasta crisis nerviosas; la defensa del ideal, que no quiere morir... Al cabo de un mes, de pronto, sin preámbulos, Regina anunció a su madre que estaba dispuesta a la unión con don Elías.
Nomne tan adonado e de vertut atanta, que a los enemigos seguda e espanta, non nos deve doler nin lengua nin garganta, que non digamos todos: «Salve Regina Sancta»
Quando se sintió libre la prennada mesquina, Fo el saco vaçio de la mala farina, Empezó con grant gozo cantar Salve Regina, Que es de los cuitados solaz e mediçina.
os ángeles en la Tierra no están bien y se van presto. Regina, entre las donosas la más donosa doncella, la más hermosa y más bella entre las bellas y hermosas; la más fresca entre las rosas, la más pura entre las puras, y estrella de las alturas que brilla en sereno cielo, era fuente de consuelo en abismo de amarguras.
A la mañana siguiente, Regina hizo llevar al bosque las plantas más raras de su jardín para colocarlas junto al altar, se pusieron por su orden una infinidad de farolitos de colores alrededor de aquel, en tanto que Aurora y su padre formaban el arco de ramaje y trasplantaban las flores silvestres que tomaban vida en la nueva tierra que ocultaba sus raíces.