Radamanto

Radamanto

 
mit. Rey de Knossos y legislador de Creta, hijo de Zeus y de Europa.
Ejemplos ?
A vosotros también, y para que lo admitáis con un ánimo mejor, incluso a mí los hados me rigen, los cuales, si para mudarlos tuviera fuerza, no encorvarían a mi querido Éaco sus tardíos años, 435 y perpetua la flor de su edad, con el Minos mío, Radamanto tendría...
Para ingresar a la clase de primer año de latín, debí rendir un impalpable examen de gramática castellana, en el que fui ignominiosamente reprobado por la mesa, compuesta de Minos, Eaco y Radamanto, bajo la forma de Larsen, Gigena y el doctor Tobal.
Eaco, Radamanto, Minos, Solón, Licurgo y Numa establecían leyes gobernando en justicia y paz nuevas repúblicas; y a más distancia se veían florecer las ciencias y las artes a la sombra de la libertad.
Y si digo mentira que se muera mi padre; no ofendas a los extranjeros. CÍCLOPE Mentís: yo de éste más que de Radamanto me fío, y digo que más justo es.
De los tres consejeros de Estado, Minos, Eaque, y Radamanto, uno juzgaba a la Grecia, otro al Asia menor (porque los Griegos no conocían entonces la gran Asia), y el tercero era para la Europa.
Volviendo a lo que decía, cuando alguno de éstos cae entre las manos de Radamanto, no sabe éste de él ni quién es ni quiénes son sus padres, y sí sólo que es malo, y habiéndolo reconocido tal, lo relega al Tártaro después de haberle puesto una señal según le juzgue susceptible de curación o no.
Cuando mueran, emitirán sus fallos en la pradera, en el sitio en que desembocan tres caminos, uno de los cuales conduce a las islas Afortunadas y otro al Tártaro. Radamanto juzgará a los hombres de Asia, y Eaco a los de Europa; asignaré a Minos la autoridad suprema para decidir en última instancia en los casos en que aquéllos estén indecisos, a fin de que la sentencia referente al paraje de la destinación de los hombres después de su muerte sea pronunciada con toda la equidad posible.
Una vez que lleguen a la presencia de su juez, los de Asia ante Radamanto, éste los llamará para que se le aproximen y examinará el alma de cada uno sin saber a quién pertenece.
En el camino por donde pasaban, al ruido sacó un abogado la cabeza y preguntóles que a dónde iban, y respondiéronle: «Al tribunal de Radamanto»; a lo cual, metiéndose más adentro, dijo: -Esto me ahorraré de andar después, si he de ir más abajo.
Porque si, al dejar los jueces prevaricadores de este mundo, se encuentran en los infiernos los verdaderos jueces, que se dice que hacen allí justicia, Mines, Radamanto, Eaco, Triptolemo y todos los demás semidioses que han sido justos durante su vida, ¿no es este el cambio más dichoso?
Por este tiempo, Janto, rey de Creta, cuyo nombre hallamos diferente en otros, dicen que robó a Europa, de la cual tuvo a Radamanto, Sarpedón y Minos, los cuales, sin embargo, es fama común que son hijos de Júpiter, habidos en esta mujer.
Otro, tímido hasta el punto de bajar los ojos aun ante la mirada de los hombres, hasta el punto de tener que echar mano de toda su pobre voluntad para entrar en un café o pasar por la taquilla de un teatro, en que los taquilleros le parecen investidos de una majestad de Minos, Eaco y Radamanto, echará bruscamente los brazos al cuello a un anciano que pase junto a él, y le besará con entusiasmo delante del gentío asombrado...