Ejemplos ?
laco, lanudo y sucio. Con febriles ansias roe y escarba la basura; a pesar de sus años juveniles, despide cierto olor a sepultura.
Amé a mi patria como amé a mi madre; ni tierra ni mujer para mí ha habido mejores que ellas dos, y siempre he estado dispuesto por su honor a dar el mío: y hoy que de España, por lo que oigo y leo, roe un gusano el corazón dormido, voy a ver si mi voz se le despierta, y si no oye mi voz, a darla un grito.
Zijn knecht staat te lachen :En roept ons reeds toe: :"Wie zoet is krijgt lekkers, :Wie stout is de roe!" :O, lieve Sint-Nicolaas, :Kom ook eens bij mij :En rijd toch niet stilletjes :Ons huisje voorbij!
¡Ay triste del que ufano Y alegre en apariencia Figura á los placeres Quimérica aficion, Y rie y goza y muchos Envidian su existencia, Y un torcedor secreto Le roe el corazon.
Si cerraren los ojos porque non vean nada, dentro será el bierven que roe la corada; la mala repindencia de la vida passada, que fue mala e sucia, fedient e enconada.
El anciano se alejó, la mujer continuó sin movimiento, y la niña pidió más pan. -Hola -dijo Ángel-, parece que tenemos hambre. La miga se ha acabado, roe si puedes la corteza. Y se la dio.
Mientras andaba apresuradamente vi a mi derecha los derruidos restos de una casa de labor, y la negra boca de un pozo abandonado cuyos estancados vapores adquirían un extraño matiz al ser bañados por la luz del sol. El desolado espectáculo hizo que no roe maravillara ya de los asustados susurros de los moradores de Arkham.
Querría suplicaros, pues os vais, y allá habrá muchos y acá no se hallan, por el bien parecer, que ando muy desabrigado, que me enviéis algún mondadientes, que como yo le traiga en la boca todo me sobra, que soy amigo de traer las quijadas hechas jugador de manos, y al fin se masca y se chupa, y hay algo entre los dientes y poco a poco se roe, y si es de lentisco es bueno para las opilaciones.
Cruel es, ¡ay de mí!, el que los huéspedes de su casa, suplicantes de su hogar, sacrifica, trincha y roe, y cocidos desmenuza con criminales dientes carnes de hombres calientes a la brasa.
Gemía así que parecía hecho arroyo el rostro y Mongibelo el pecho: «Amor, pues tú eres quien me hiela y arde y siempre causa que me roe y lima, ¿qué puedo hacer, pues que llegué ya tarde y el fruto otro cogió que el alma estima?
Ha dejado la morada nauseabunda donde encueva sus tristezas y sus sarnas, donde roe los mendrugos indigestos, de dureza despiadada, cuando torna de la vida vagabunda con el hijo y los mendrugos a la espalda, y ahora viene, y ahora viene de sus sierras a pedirnos a las gentes sin entrañas el mendrugo que arrojamos a la calle si a la puerta no lo pide la jurdana.
Sin una hora de descanso y recreo, sin un minuto que perteneciese al gusto y al solaz, vivió don Zoilo, no como la ostra -al fin, la ostra no trabaja-, sino como la polilla, que roe y roe y no sale de su rincón, no deja su viga telarañosa, no despliega nunca sus alas, buscando lo que las mariposas: luz, calor solar y entreabiertas flores.