Río de Janeiro

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Ejemplos ?
Aún reconociendo que es recíproca la especie de mediatización que establece el Tratado de Río de Janeiro para los Estados pactantes, nosotros no podemos aceptarla por lo que respecta a Uruguay.
Me refiero, señor Presidente, creyendo que el recuerdo histórico es aquí también oportuno, al Tratado que se dio en llamar entonces de neutralización, acordado en Río de Janeiro con Brasil y Argentina en 1859 .
Llevé el problema doctrinario al Consejo Nacional de Gobierno para saber si desearía el gobierno uruguayo entrar en conversaciones en base de la ley del gobierno americano y aclaré que el convenio trataba de colocarnos en situación de poder cumplir las obligaciones de la Carta de Río de Janeiro.
La argumentación que hace el señor Senador Ferreiro no es de recibo; sobre todo hay que tener en cuenta, como lo hemos sostenido, que este Convenio no es más que una consecuencia del Tratado de Asistencia Recíproca de Río de Janeiro, y justamente en este tratado, como después en la Carta de Bogotá, se establece precisamente el régimen que preconiza el artículo 6º de la Constitución.
El convenio militar no hace más que hacer efectivos los elementos del Tratado de Río de Janeiro; donde debe estar la cláusula impuesta por la Constitución es en ese tratado internacional, no en un simple convenio que es la ejecución práctica de ese tratado.
Gabriel Antonio Pereira, mientras éste residía en Río de Janeiro, le escribía dándole noticias de la situación en Montevideo y entre otras cosas registró lo siguiente: “Dos días hace (6 de febrero) que el señor Ministro de la Guerra (lo era entonces el Coronel Lorenzo Batlle) FUE INSULTADO FUERTEMENTE AFUERA DEL MERCADO POR LOS VASCOS A PUNTO QUE TUVO QUE REFUJIARSE EN LO DE BRIE, EN UN CONVENTILLO, el resultado fue que creyéndose en mala posición tuvo que darles más que de prisa la espalda y todo por la falta de cumplimiento de la paga.
De aquí partió entonces para Río de Janeiro iniciando con este viaje las rudas jornadas del emigrado… Cinco años duró su alejamiento del Río de la Plata.
Nosotros sentimos – desde luego – que este pacto de Río de Janeiro no puede y por ende no le va a proporcionar a la República medios que ya actualmente no posea para poder servir libremente y desde su ángulo en cuanto le corresponda, al “Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente” que integra.
Puesta ante el problema que le planteaba la invasión portuguesa recordó la Junta Grande para solucionarla que Montevideo le había ofrecido poco tiempo antes con el apoyo decidido del Embajador de Inglaterra en Río de Janeiro una apertura de negocios de paz entonces desatendida por ella porque no se sentían los apremios de la derrota del Desaguadero.
En el pacto de Río de Janeiro vemos aún menos motivos de simpatía que por lo que se relaciona con la conservación de la paz con los pueblos hermanos, por lo que respecta al seguro mantenimiento de la paz dentro de la República.
Señor Presidente: de adoptar el Tratado de Río de Janeiro, nuestro Uruguay, por de pronto, quedará aunque sólo – es cierto – con respecto a los demás Estados que también lo ratifiquen en condiciones de mediatizado, al igual que éstos, con relación a nosotros.
Apartándome del criterio de muchos de mis correligionarios, concuerdo en alguna parte con quienes, postuladores de la aprobación del Convenio que está a consideración del Senado, sostienen que en el fraseo de sus once artículos no hay otra cosa más que una complementación previsible y lógica del Pacto de Río de Janeiro.