Purísima

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Purísima

ADJ SUPERL la Purísimathe Virgin
Ejemplos ?
Ya Petreyo y Juba se encontraron y cayeron heridos cada uno por la mano del otro: egregia y fuerte convención del hado, pero no decente a mi grandeza, siendo tan feo a Catón pedir a otros la muerte como pedirles la vida.» Tengo por cierto que los dioses miraban con gran gozo, cuando aquel gran varón, acérrimo vengador de sí, estaba cuidando de la ajena salud, y disponiendo la huida de los otros; y cuando estaba tratando sus estudios hasta la última noche, y cuando arrimó la espada en aquel santo pecho, y cuando, esparciendo sus entrañas, sacó con su propia mano aquella purísima alma, indigna de ser manchada con hierro.
Nada quedó en pie en medio de aquella devastación sin ejemplo; nada sino la antorcha del cristianismo, encendida siglos antes sobre el Calvario y que, lejos de extinguirse al soplo impuro de los bárbaros, como tampoco se había extinguido primero al de los Césares, fue derramando más y más su luz purísima, hasta que sus rayos inundaron todo el mundo conocido.
Hay un periódico entre los que más han gemido en España por los ciudadanos «sacrificados por la crueldad» del Sumo Pontífice, que ha llevado su delirio hasta el extremo de solemnizar el día de la Purísima encerrando en una orla negra, debajo de una cruz, los nombres de Pío IX y de los dos incendiarios, llamando anticristiano al primero y mártires a los segundos.
Tres copias fotográficas, una de su señora y las otras dos probablemente de sus niños. Una reliquia del Corazón de Jesús, escapulario de la Virgen del Carmen y medalla de la Purísima.
Se calló un segundo, miró a todos los presentes con las cejas fruncidas, y siguió: -Voy a resolver el caso según mi cencia y concencia, como si las cosas hubieran pasado tal cual ustedes mismos la cuentan, visto que el agente Fernández les da autoridad con su declaración, que como es de un policía no puede ser más que la purísima verdá.
La nieve palpitante de ese pecho de marfil, las rosas que tus labios le robaron al abril, en eco arrobador responden a mi afán que un cielo es la esperanza de un amor. II La vida es una flo purísima al nacer...
Vive aún (1878) en el convento de San Francisco, un respe- table sacerdote (el padre Cepeda) que recuerda haber visto llegar á la plazuela de la iglesia á fray Bruno, seguido de sus guerrilleros, y que, apocándose con gran agilidad, se dirigió á la sacristía, de donde salió revestido, y celebró misa en el altar de la Purísima, con no poca murmuración de beatas y conven- tuales.
Lo que necesitamos los pobres es hacernos justicia con nuestras propias manos. ¡Rebelémonos! (Todos, excepto Marcos y Rosa.) (Santiguándose.) ¡Ave María Purísima! MARCOS (Indignado.) ¿Tenéis miedo?
(A todos.) Hijos míos, ya es muy tarde y tengo que retirarme a mi lecho. (Consultando su reloj.) ¡Ave María Purísima!: son las diez de la noche.
Aún pudo muy débilmente percibir el resplandor que iluminaba el espacio al huir la aparición; aún en su mente asombrada un momento se pintó de su bella Valentina la purísima ilusión; y aun su sien calenturienta ligeramente oreó al elevarse en los aires con sus alas de crespón.
La peonada de la hacienda de La Purísima se levantó anoche en armas y cometió mil excesos; los bandidos violaron mujeres, robaron, incendiaron, asesinaron y llevaron su audacia hasta el grado de declararse dueños de la hacienda.
Vago resplandor fosfórico el santuario ilumina do el busto de Valentina está, y su ser se ve allí como luz tenue y purísima sin foco de donde radie, no producida por nadie, comprendida sólo en sí.