Príamo

Príamo (Príamos)

 
mit. Último rey de Troya, hijo de Laomedonte. Reconstruyó la ciudad de Troya destruida por Herodes.
Ejemplos ?
¿Huirán los argivos a sus casas, a su tierra, por el ancho dorso del mar, y dejarán como trofeo a Príamo y a los troyanos la argiva Helena, por la cual tantos aqueos perecieron en Troya, lejos de su patria?
Tenía tan mala memoria, que olvidaba incluso el nombre de Ulises. Incluso el de Aquiles, incluso el de Príamo, tan conocidos de él como nuestros maestros lo son de nosotros.
Alegraríanse Príamo y sus hijos, y regocijaríanse los demás troyanos en su corazón, si oyeran las palabras con que disputáis vosotros, los primeros de los dánaos lo mismo en el consejo que en el combate.
Heleno, hijo amado de Príamo, comprendió al punto lo que era grato a los dioses que conversaban, y llegándose a Héctor, le dirigió estas palabras: —¡Héctor, hijo de Príamo, igual en prudencia a Zeus!
Y buscando sus violencias en ella al príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era Rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del Rey.
¡Así la tierra se lo tragara! Crióle el Olímpico como una gran plaga para los troyanos y el magnánimo Príamo y sus hijos. Creo que si le viera descender al Hades, olvidaríase mi alma de los enojosos pesares.
Un corto espacio mediaba entre ambos ejércitos. Héctor despachó dos heraldos a la ciudad, para que en seguida le trajeran las víctimas y llamasen a Príamo.
En tanto ellas invocaban a la hija del gran Zeus, Héctor se encaminó al magnífico palacio que para Alejandro labrara él mismo con los demás hábiles constructores de la fértil Troya; éstos le hicieron una cámara nupcial, una sala y un patio, en la acrópolis, cerca de los palacios de Príamo y de Héctor.
Así tú regocijarás, en las naves, a todos los aqueos y especialmente a tus amigos y compañeros; y yo alegraré, en la gran ciudad del rey Príamo, a los troyanos y a las troyanas, de rozagantes peplos, que habrán ido a los sagrados templos a orar por mí.
Pero como la victoria quedó por Menelao, caro a Ares, deliberemos sobre sus futuras consecuencias; si conviene promover nuevamente el funesto combate y la terrible pelea, o reconciliar a entrambos. Si a todos pluguiera y agradara, la ciudad del rey Príamo continuaría poblada y Menelao se llevaría la argiva Helena.
Cuando llegó al magnífico palacio de Príamo, provisto de bruñidos pórticos (en él había cincuenta cámaras de pulimentada piedra seguidas, donde dormían los hijos de Príamo con sus legítimas esposas; y enfrente, dentro del mismo patio, otras doce, construidas igualmente con sillares, continuas y techadas, donde se acostaban los yernos de Príamo y sus castas mujeres), le salió al encuentro su alma madre, que iba en busca de Laódice, la más hermosa de las princesas; y asiéndole de la mano, le dijo: —¡Hijo!
Bien grabada la tenemos en la memoria, y todos vosotros, los que no habéis sido arrebatados por las Moiras, sois testigos de lo que ocurrió en Aulide cuando se reunieron las naves aqueas que tantos males habían de traer a Príamo y a los troyanos.