Poseidón

Poseidón (Poseidōn)

 
mit. Dios griego de los mares y de las aguas en general. Identificado con el Neptuno de los romanos.
Ejemplos ?
Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento su maravillosa voz, con himnos a Zeus portador de la égida, a la augusta Hera argiva calzada con doradas sandalias, a la hija de Zeus portador de la égida, Atenea de ojos glaucos, a Febo Apolo y a la asaeteadora Ártemis, a Poseidón que abarca y sacude la tierra, a la venerable Temis, a Afrodita de ojos vivos, a Hebe de áurea corona, a la bella Dione a Eos al alto Helios y a la brillante Selene, a Leto, a Jápeto, a Cronos de retorcida mente, a Gea, al espacioso Océano, a la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos Inmortales.
—Grité desaforado sacando burbujas por la boca? —¡Silencio que agitas el mar! — Manoteó diciendo Poseidón. Luego continuó el juez mayor el dictamen.
Así habló, vanagloriándose. La veneranda Hera, indignada, se agitó en su trono, haciendo estremecer el espacioso Olimpo, y dijo al gran dios Poseidón.
Recuerda, te enfrentarás con los seres más horribles que hayan existido; cuando llegues al mar dorado, visitarás el palacio de Poseidón, el emperador de las aguas fecundantes; y te harán prisionero, te enfrentarán con el terrible monstruo del mar y ahí, si lo logras matar, quedarás libre de este castigo que te infrinjo.
—¡Oh dioses! ¡Prepotente Poseidón, que bates la tierra! ¿Tu corazón no se compadece de los dánaos moribundos, que tantos y tan lindos presentes te llevaban a Hélice y a Egas?
El padre Zeus, subiendo al carro de hermosas ruedas, guió los caballos desde el Ida al Olimpo y llegó a la mansión de los dioses; y allí el ínclito Poseidón, que sacude la tierra, desunció los corceles, puso el carro en su sitio y lo cubrió con un velo de lino.
Y puesto que ya no deseo guerrear contra el divino Héctor, mañana, después de ofrecer sacrificios a Zeus y a los demás dioses, botaré al mar los cargados bajeles, y verás, si quieres y te interesa, mis naves surcando el Helesponto, en peces abundoso, y en ellas hombres que remarán gustosos; y si el glorioso Poseidón me concede una feliz navegación, al tercer día llegaré a la fértil Ptía.
Iba al frente de aquellos el mismo Poseidón que bate la tierra, con el tridente en la mano, y tiró a las olas los cimientos de troncos y piedras que con tanta fatiga echaron los aqueos, arrasó la orilla del Helesponto de rápida corriente, enarenó la gran playa en que estuvo el destruido muro, y volvió los ríos a los cauces por donde discurrían sus cristalinas aguas.
Hicimos hermosos sacrificios al prepotente Zeus, inmolamos un toro al Alfeo, otro a Poseidón y una gregal vaca a Atenea, la de los brillantes ojos; cenamos sin romper las filas, y dormimos con la armadura puesta, a orillas del río.
Durante un lapso las sombras reinaron y al regresar otra vez la luz, como si levantaran un telón, advertí con gran asombro, desde aquella puerta transparente, que parecía un escondite en donde podía ver sin temor a que fuese descubierto fácilmente, a un hombre gigante de increíble apariencia hercúlea, vestido como los antiguos griegos con una corona sobre sus sienes, una espléndida túnica de coral, un taparrabo de color aguamarina y unos coturnos de oro: entonces lo reconocí, era Poseidón, el Emperador de los Océanos.
Lancéme a ellos cual obscuro torbellino, tomé cincuenta carros, venciendo con mi lanza y haciendo morder la tierra a los dos guerreros que en cada uno venían; y hubiera matado a entrambos Moliones Actóridas, si su padre, el poderoso Poseidón, que conmueve la tierra, no los hubiese salvado, envolviéndolos en espesa niebla y sacándolos del combate.
De tal modo Poseidón y Apolo debían obrar más tarde. Entonces ardía el clamoroso combate al pie del bien labrado muro, y las vigas de las torres resonaban al chocar de los dardos.