Porfirio


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Por otro lado, en todas partes el ala terrateniente terminó por imponer su hegemonía, despojando al proyecto liberal de sus contenidos democráticos y auspiciando la integración de una nueva oligarquía, a escala nacional y no solamente local (Roca en Argentina, Porfirio Díaz en México).
Según los Tratados de Ciudad Juárez, tras la renuncia de Porfirio Díaz, Francisco León de la Barra ocuparía la presidencia de México interinamente hasta que pudieran llevarse a cabo elecciones.6 León de la Barra entregó la presidencia Francisco I.
908 Entrevista James Creelman-Porfirio Diaz James Creelman, Porfirio Diaz, 1908 Desde la prominencia del Castillo de Chapultepec contemplaba el presidente Díaz la venerada capital de su país, que se extiende sobre una vasta llanura rodeada de montañas imponentes, mientras que yo, que había realizado un viaje de cuatro mil millas desde Nueva York, para ver al héroe y señor de México moderno, al hábil conductor en cuyas venas corren mezcladas la sangre de los aborígenes mixtecas con la de los invasores españoles, admiraba con interés inexplicable aquella figura esbelta y marcial, de fisonomía dominante y al mismo tiempo dulce.
Y hemos escuchado a trabajadores de la ciudad, empleados tratados como en los tiempos de Porfirio Díaz, hombres y mujeres obligados a trabajar 12, 14, 16 hora diarias por 45, 46 pesos al día, y ver que no alcanza, ´´hasta morir si es preciso´´, dijeron los trabajadores, las trabajadoras de la maquila y hemos escuchado a los pequeños comerciantes desalojados por las policías de los gobiernos del PRI, del PAN, del PRD, del PT, del Verde Ecologista, de Convergencia, todo para que no se vea sucia la ciudad.
La frente ancha coronada de níveos cabellos lacios, los ojos oscuros y hundidos que parecen sondear nuestra alma, se tornan tiernos por momentos, lanzan miradas rápidas a los lados, se muestran ya terribles y amenazadores, ya amables, confiados o picarescos; la nariz recta y ancha con ventanillas que se dilatan o se contraen a cada nueva emoción, fuertes quijadas que se desprenden de unas orejas grandes, bien formadas, pegadas a la cabeza y que terminan en una barba cuadrada y viril; una barba de combate; la boca firme que esconde bajo el bigote blanco; el cuello corto y musculoso; los hombros anchos, el pecho levantado; el porte rígido imparte a la personalidad un aire de mando y dignidad; tal es Porfirio a los setenta y siete años...
Las teorías políticas aisladas no forman una nación libre..." El progreso actual de México dice a Porfirio Díaz que su tarea en América ha terminado con éxito.
Root, juzgaba al presidente Díaz así: "Creo que de todos los grandes hombres que viven en la actualidad, el general Porfirio Díaz es el que más vale la pena de conocer.
---- De la Barra, el trabajador de Porfirio Díaz, cerca de Taft, se ha dedicado a escribir para desvanecer la atmósfera de los enemigos de México pero refuta a Turner.
---- Alfonso, el asesino de Montjuich, le ha enviado a Porfirio Díaz, el carnicero de Río Blanco, el gran collar de Carlos III que usó el difunto Eduardo VII.
Diputado licenciado Antonio Riva Palacio López.- Diputado licenciado Enrique Alvarez del Castillo.- Diputado licenciado Raúl Lemus García.- Diputado licenciado Manuel Villafuerte Mijangos.- Diputado licenciado Porfirio Cortés Silva.- Diputado licenciado Héctor Terán Torres.- Diputado licenciado Roberto Leyva Torres.- Diputado licenciado Luis Priego Ortiz.- Diputado licenciado Pastor Murguía González.- Diputado licenciado Francisco José Peniche B.- Diputado Héctor Ramírez Cuéllar.- Diputado licenciado Saúl Castorena Monterrubio." FUENTE: Diario de los Debates de la Cámara de Diputados del Congreso de las Estados Unidos Mexicanos.
---- En interesante sesión se presentó en la Cámara de Diputados de Porfirio Díaz, una interesante iniciativa: el aumento de sueldo para el tirano y sus principales adláteres, porque su posición social y el estado bonancible del tesoro público lo exigen.
¡Si no fuese el muy condenado..., el pindongo amor, a estas horas era yo dueño de mi país, y me hombreaba con don Porfirio!, ¿lo oye?...