Poole

Poole

 
C. de Gran Bretaña, en el S de Inglaterra, condado de Dorset; 124 974 h.
Ejemplos ?
No se levantó para salir al encuentro de su visitante, sino que le tendió una mano helada, dándole la bienvenida con una voz alterada. -¿Y ahora? -dijo Utterson apenas se fue Poole-. ¿Has oído la noticia?
Extrañas influencias que dieron como resultado que al entrar por primera vez a los veintiún años, corbateado de blanco y con el busto moldeado por un frac de Poole al salón donde hice mi primera conquista aristocrática, cuatro almas: la de un artista enamorado de lo griego, y que sentía con acritud la vulgaridad de la vida moderna; la de un filósofo descreído de todo por el abuso de estudio; la de un gozador cansado de los placeres vulgares, que iba a perseguir sensaciones más profundas y más finas, y la de un analista que las discriminaba para sentirlas con más ardor, animaron mi corazón, que latía bajo la resplandeciente pechera, coquetamente abotonada con una perla negra.
Una voz, desde el interior, respondió lastimosamente: -Decidle que no puedo ver a nadie. -Gracias señor -dijo Poole con un tono que era casi de triunfo.
-¡Venga, venga! -dijo el notario.- Veo que tenéis vuestras buenas razones, Poole, veo que, de verdad, tiene que ser algo serio. Intentad explicarme de qué se trata.
Hyde Capítulo VIII: La Última Noche de Robert Louis Stevenson Utterson estaba sentado junto al fuego una noche, después de cenar, cuando recibió la inesperada visita de Poole.
dijo Jekyll con voz rota, tapándose la cara con las manos. Al salir, el notario se paró a intercambiar unas palabras con Poole. -Por cierto -dijo-, sé que han traído hoy, en mano, una carta.
Hyde Capítulo V: El Incidente de la Carta de Robert Louis Stevenson Entrada la tarde, Utterson se presentó en casa del doctor Jekyll, donde Poole, por pasillos contiguos a la cocina y luego a través de un patio que un tiempo había sido jardín, lo acompañó hasta la baja construcción llamada el laboratorio o también, indistintamente, la sala anatómica.
-¡Qué sorpresa, Poole! ¿Cómo por aquí? - exclamó. Luego, mirándolo mejor, preguntó con aprensión-: ¿Qué pasa? ¿El doctor está enfermo?
-Bien, señor -dijo Poole-, vos sabéis cómo es el doctor y cómo estaba siempre encerrado allí, en la habitación de encima del laboratorio.
Escribió dos cartas de calculada gravedad, una a Lanyon, otra a Poole, y, para estar seguro de que las llevarían a correos, ordenó que se mandaran certificadas.
Y la poción no ha surtido ya efecto alguno. Poole te contará que le he enviado a buscar estas sales por todo Londres, pero sin conseguirlas.
-Tengo miedo desde hace unos días, quizás desde hace una semana -dijo Poole eludiendo obstinadamente la pregunta-, y ya no aguanto más.