Pomona

Pomona (Pamona)

 
mit. Diosa itálica de los frutos de la tierra, los huertos y los jardines.
Ejemplos ?
Allí, si aún estuviese de moda la mitología, pudiéramos decir que puso su trono Pomona; y extendiéndonos en esto, y sin la menor hipérbole, bien añadiríamos que Palas tiene su trono en las ermitas, Ceres en los campos que se dilatan entre Baena y Valenzuela, y Baco el suyo en los Moriles, cuyo vino supera en todo al de Jerez.
Allí Flora y Pomona sus imperios tienen, do cuenta el Año doce abriles, y que eclipsan y apocan los aerios famosos Babilónicos pensiles; y aun los huertos fantásticos Hesperios fueran con ellos reputados viles: dorados frutos su recinto cría y flores de variada pedrería.
Wainewrigth poseía bandejas incrustadas de pedrería, una linda bombonera Luis XVI adornada con una miniatura de Pettitot, sus costosas "teteras de porcelana oscura, cubiertas de filigranas", su carpeta de tafilete verde limón y su sillón "verde Pomona".
Y ciñan otros la apolínea rama y siéntense a la mesa de los dioses, y los arrulle la parlera fama, que es la gloria y tormento de la vida; yo volveré a mi flauta conocida, libre vagando por el bosque umbrío de naranjos y opacos tamarindos, o entre el rosal pintado y oloroso que matiza la margen de mi río, o entre risueños campos, do en pomposo trono piramidal y alta corona, la piña ostenta el cetro de Pomona, y me diré feliz si mereciere, el colgar esta lira en que he cantado en tono menos dino la gloria y el destino del venturoso pueblo americano, yo me diré feliz si mereciere por premio a mi osadía una mirada tierna de las Gracias y el aprecio y amor de mis hermanos, una sonrisa de la Patria mía, y el odio y el furor de los tiranos.
Los dos ciudadanos se miraron uno á otro y no contestaron una sola palabra; y Sócrates concluyó probándoles que se podia tener cosechas sin dar su dinero á los sacerdotes de Céres; ir á cazar sin colgar en la capilla de Diana imagencitas de plata; que Pomona no daba los frutos; que Neptuno no daba los caballos; y que era preciso dar gracias por todo al soberano que lo ha hecho todo.
Bajo el rey tal Pomona vivió, que la cual, ninguna entre las latinas Hamadríades ha honrado con más pericia los huertos ni hubo más estudiosa otra del fruto del árbol, 625 de donde posee el nombre.
A pesar, pues, del agua que la oculta, Concha, si mucha no, capaz ostenta De albergues, donde la humildad contenta Mora, y Pomona se venera culta.
Sicilia, en cuanto oculta, en cuanto ofrece, Copa es de Baco, huerto de Pomona: Tanto de frutas ésta la enriquece, Cuanto aquél de racimos la corona.
Las dos cuñadas pasan al comedor; nada falta: tras el cristal de los artísticos aparadores relumbran porcelanas y electroplatas; en las rinconeras ostentan los cacharros sus campos y arabescos de oro, sus pinturas al fuego, el rococó de sus relieves; Baccarat ha enviado sus primores de muselina, sus copas de gasa; Pomona, sus grosuras; Flora, lo más selecto de su reino; y hasta el sol parece que acrecentara su belleza para filtrarse por los vidrios de colores de la ancha reja.
Como de bello dijeron Belona, y no bellum; de las cunas, Cunina, y no cuna; de las segetes o mieses, Segecia, y no seges; de las pomas o manzanas Pomona, y no pomo; de los bueyes Bubona, y no buey, o también, sin alterar ni la palabra, sino denominándolas con sus propios nombres, como Pecunia se dijo de la diosa que da el dinero, sin tener de ningún modo por dios a la misma pecunia; así se llamó Virtud la que concede la virtud; Honor, el que da la honra; Concordia, la que da concordia; Victoria, la que da victoria; y por eso dicen que cuando llaman diosa a la Felicidad no se atiende a la que se da, sino al dios que la da.
el seno fértil de la Madre Vesta, En actitud erguida se levanta La airosa piña de esplendor vestida, Llena de ricas galas. Desde que nace, liberal Pomona Con la muy verde túnica la ampara, Hasta que Ceres borda su vestido Con estrellas doradas.
Tuvieron mieses sin Segecia; sin Bobona bueyes; miel sin Melona; pomos y frutas sin Pomona; y, en efecto, todo aquello por lo que los romanos creyeron debían acudir a suplicar a tanta turba de falsos dioses, lo tuvieron con mucha más bendición y abundancia de la mano de un solo Dios verdadero; y si no pelearan contra El con curiosidad impía, acudiendo como hechizados con arte mágica a los dioses de los gentiles y a sus ídolos, y, últimamente, dando la muerte a Cristo, perseveraran en la posesión del mismo reino, aunque no tan espacioso, pero sí más dichoso.