Piélagos

Piélagos

 
Mun. de la prov. española de Cantabria; 11 181 h.
Ejemplos ?
¿qué pudo el viejo Ascreo, que volando por los celestes piélagos navega, o el Mantüano espíritu, que ocioso cantó las armas y el varón piadoso?
¿Cuándo será, mi Dios, que, al contemplarte, en tus inmensos piélagos, sin tasa la sed eterna de mis ansias harte y el amor infinito que me abrasa?
No bien pues de su luz los horizontes, que hacían desigual, confusamente, montes de agua y piélagos de montes, desdorados los siente, 45 cuando, entregado el mísero extranjero en lo que ya del mar redimió fiero, entre espinas crepúsculos pisando, riscos que aun igualara mal volando veloz, intrépida ala, 50 menos cansado que confuso, escala.
Ni te hirió con flamígera saeta del cielo vengador la justa saña; la tempestad tu atmósfera no inquieta ni en sus sonantes piélagos te haría.
Goza tu juventud y tu hermosura ¡Oh sol!, que cuando el pavoroso día Llegue que el orbe estalle y se desprenda De la potente mano Del Padre Soberano, Y allá a la eternidad también descienda, Deshecho en mil pedazos, destrozado Y en piélagos de fuego Envuelto para siempre, y sepultado De cien tormentas al horrible estruendo, En tinieblas sin fin tu llama pura Entonces morirá.
Distráeme, diviérteme, museo De cataratas, fábrica de nubes; Mar desfondado al peso de tus ondas; Columnas que un omnipotente Alcides Descolgó del Olimpo, entre dos vastos Mediterráneos piélagos de un mundo.
DOÑA ANA Con el aura del favor y con la fuerza del trato, surcábamos17 el mar grato en los piélagos de amor, cuando en el golfo sereno 16 C: sin signos de interrogación en la primer pregunda.
Soñó el autor entonces que iba en un carro aéreo; que viajaba en el espacio; que era Faetón; que nadaba en piélagos de luz; que tenía alas, horizontes, libertad; que a su lado volaba una mujer, una ninfa, una hurí; que esta visión esplendorosa se inclinaba dulcemente sobre él y le apartaba del rostro los cabellos, y lo miraba, y se sonreía...
el blando lecho de Titón hermoso la sonrosada aurora gallarda se lanzó: rauda traspasa, precursora del astro refulgente, los piélagos de Tetis, y a los campos llegó que riega el Betis.
¿El suelo no blasona más fecundo que el sol en ambos mundos considera? ¿do quier antigua fama no relata que inundó su opulencia el universo con ríos de oro y piélagos de plata?
Pasaron todos pues, y regulados cual en los Equinocios surcar vemos los piélagos del aire libre algunas volantes no galeras, 605 sino grullas veleras, tal vez creciendo, tal menguando lunas sus distantes extremos, caracteres tal vez formando alados en el papel dïáfano del cielo 610 las plumas de su vuelo.
Amante y correspondido ondas surcaba7 tranquilas en los piélagos de amor, cuando una noche enemiga, que iba a hablarla8 por la reja de un jardín, hallo que hacían 7 E: sulcaba.