Perogrullo

perogrullo

(De Pero Grullo, personaje vulgar.)
loc. adj. Se usa para indicar que una cosa, por evidente, resulta simple decirla, en la expresión de perogrullo.

Perogrullo

 
Personaje o ente fantástico, a quien se hace autor de las perogrulladas.
Traducciones

Perogrullo

SM Pero Grullo SM verdad de Perogrulloplatitude, truism
Ejemplos ?
iernes 9 de agosto de 1918, EL DIA Editorial Comentarios - La solución que se impone Una gran solución proponen los órganos conservadores para dar termino a la huelga tranviaria: que los obreros vuelvan al trabajo, a la espera de que se les aumente los sueldos! –Ni a Perogrullo se le hubiera ocurrido una solución tan sencillita.
Entre otras composiciones extravagantes, hay en el libro del padre Alvites una letrilla, digna de Perogrullo y Calainos, que principia así: «La reina Mariana falleció, ¡qué pena!
Que las finanzas del Perú han andado siempre dadas al demonio, es punto menos que verdad de Perogrullo. Por fortuna, los peruleros somos gente da tan buena pasta, que maldito si paramos mientes en la cosa.
La Sagrada Escritura, la Ilíada, la Eneida, ¿cuál, en el mismo espacio de tiempo, ha sido más repetida y traducida que el Quijote? Por poco que uno sepa entenderse con la pluma, ya le vierten al inglés; al francés, no hay Perogrullo que no se haga traducir.
Dichas dificultades de aplicación a la realidad didáctica, me llevaron a comenzar por plantear, acaso verdad de Perogrullo...
Cuando alguien emite una expresión tan evidente o tan sabida que resulta una afirmación trivial o apodíctica, suele opinarse que se dijo una perogrullada o una verdad de Perogrullo.
La «cabeza» responde: «Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero.» A lo cual Sancho añade: «Bueno, par Dios; esto yo me lo dijera: no dijera más el profeta Perogrullo».
En el diccionario de María Moliner, donde se le define como «dicho propio de Perogrullo», se dedica una entrada al autor de esas verdades::«Perogrullo (de “Pedro” y “Grullo”): personaje supuesto al que se atribuyen humorísticamente las sentencias o afirmaciones de contenido tan sabido y natural que es una tontería decirlas.» Quien inventó el vocablo perogrullada fue Francisco de Quevedo, en su libro Los sueños (1622), en concreto en la Visita de los Chistes, también conocida como Sueño de la Muerte, donde interviene el «gran profeta» Pero Grullo: «Yo soy Pedro y no Pero Grullo, que quitándome una d en el nombre me hacéis el santo fruta.» Y el personaje ofrece diez profecías, a las cuales Quevedo denomina perogrulladas.
Puede considerarse, incluso, que hay un componente metaliterario, ya que no solo se habla de otras novelas, autores y personajes (es en La pícara Justina donde el campeón de la obviedad, Perogrullo, hace una de sus primeras apariciones literarias), sino que la protagonista casa, ni más ni menos, que con otro celebre pícaro, Guzmán de Alfarache, como remate de sus aventuras y del libro.
edro Grullo, Pedrogrullo, Pero Grullo o Perogrullo es un personaje paremiológico o de la literatura tradicional cuyo origen histórico es de difícil determinación.
El lexicógrafo Ramón Joaquín Domínguez, en su Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española, de mediados del siglo XIX, define perogrullada, perogrullear y Perogrullo:: «Personaje o ente quimérico, extravagante, ridículo, que se supone haber existido y dejado una preciosa colección de sandeces, apotegmas, axiomas y verdades como estas: cuatro huevos son dos pares; la mano cerrada se puede llamar puño y aun de hecho se llama así; cuando no se tiene frío, es que se ha entrado en calor; al que le quitan la vida, de seguro le matan; el que gasta el último cuarto de su última peseta, regularmente se queda sin ella; casi se puede afirmar, sin temor de ser desmentido, que no ven objeto alguno los ciegos de nacimiento.
Lindezas de este jaez, que son simplezas de a folio, pifias de marca mayor, pertenecen al género, al gusto y al estilo del incomparable Perogrullo.:Motivos hay, sin embargo, fundados en la misma naturaleza de ciertos patanes socarrones, aparentemente bobos, y en el fondo nada lerdos, antes muy avisados y advertidos; motivos hay, repetimos, para creer que haya existido un gracioso de este nombre, segunda edición de Bartolo, si, más antiguo quizá, no ha servido de prólogo a la primera.