Patroclo

Patroclo (Pátroklos)

 
mit. Héroe homérico, hijo de Menecio, rey de los lócridas.
Ejemplos ?
En cambio, honraron a Aquiles, hijo de Tetis, y le recompensaron enviándole a las islas Afortunadas, porque habiéndole predicho su madre que si mataba a Héctor moriría en seguida después, y que si no le combatiera, volvería al hogar paterno, donde moriría después de edad muy avanzada, no vaciló, sin embargo, ni un instante en defender a su amante Patroclo y en vengarle con desprecio de su propia vida, y quiso no sólo morir por un amigo, sino hasta morir sobre el cuerpo de aquel amado.
Después de altercar así con encontradas razones, se levantaron y disolvieron la junta que cerca de las naves aqueas se celebraba. El hijo de Peleo fuese hacia sus tiendas y sus bien proporcionados bajeles con Patroclo y otros amigos.
Sócrates: Recítame, pues, las palabras de Néstor a su hijo Antícolo, cuando le da consejos sobre las precauciones que debe tomar para evitar el tocar a la meta en la carrera de carros, en los funerales de Patroclo.
Y el impetuoso Héctor no dejará de pelear hasta que junto a las naves se levante el Pelida, el de los pies ligeros, el día aquel en que combatirán cerca de los bajeles y en estrecho espacio por el cadáver de Patroclo.
Cuando hubieron llegado a las tiendas y naves de los mirmidones, hallaron al héroe deleitándose con una hermosa lira labrada, de argénteo puente, que cogiera de entre los despojos, cuando destruyó la ciudad de Eetión; con ella recreaba su ánimo, cantando hazañas de los hombres. Enfrente, Patroclo solo y callado, esperaba que el Eácida acabase de cantar.
Reconoció al último el divino Aquileo, el de los pies ligeros, que desde lo alto de la ingente nave contemplaba la gran derrota y deplorable fuga, y en seguida llamó, desde allí mismo, a Patroclo, su compañero: oyóle éste, y, parecido a Ares, salió de la tienda.
Irritado por la muerte de Patroclo, el divino Aquileo matará a Héctor. Desde aquel instante haré que los teucros sean perseguidos continuamente desde las naves, hasta que los aqueos tomen la excelsa Ilión.
En diciendo esto, el divino Aquileo les hizo sentar en sillas provistas de purpúreos tapetes, y habló a Patroclo, que estaba cerca de él: —¡Hijo de Menetio!
sí peleaban por la nave de muchos bancos. Patroclo se presentó a Aquileo, pastor de hombres, derramando ardientes lágrimas como fuente profunda que vierte sus aguas sombrías por escarpada roca.
Sabrás una infausta nueva, una cosa que no hubiera de haber ocurrido. Patroclo yace en el suelo, y teucros y aqueos combaten en torno del cadáver desnudo, pues Héctor, el de tremolante casco, tiene la armadura.
Saca la cratera mayor, llénala del vino más añejo y distribuye copas; pues están bajo mi techo los hombres que me son más caros. Así dijo, y Patroclo obedeció al compañero amado.
Pero dime, héroe Eurípilo, alumno de Zeus: ¿ Podrán los aqueos sostener el ataque del ingente Héctor, o perecerán vencidos por su lanza? Respondióle Eurípilo herido: — ¡Patroclo, de jovial linaje!