Odiseo


Búsquedas relacionadas con Odiseo: Ulises
Traducciones

Odiseo

SMOdysseus
Ejemplos ?
Así Odiseo, obrando como supremo jefe, se imponía al ejército; y ellos se apresuraban a volver de las tiendas y naves a la junta, con gran vocerío, como cuando el oleaje del estruendoso mar brama en la anchurosa playa y el ponto resuena.
Estaba cerca de ellos el ingenioso Odiseo, y a poca distancia las huestes de los fuertes cefalenios, los cuales, no habiendo oído el grito de guerra —pues así las falanges de los teucros, domadores de caballos, como las de los aqueos, se ponían entonces en movimiento—, aguardaban que otra columna aquiva cerrara con los troyanos y diera principio la batalla.
Entonces os gusta comer carne asada y beber sin tasa copas de dulce vino, y ahora veríais con placer que diez columnas aqueas lidiaran delante de vosotros con el cruel bronce. Encarándole la torva vista, exclamó el ingenioso Odiseo: — ¡Atrida!
Muchas cosas buenas hizo Odiseo, ya dando consejos saludables, ya preparando la guerra; pero esto es lo mejor que ha realizado entre los argivos: hacer callar al insolente charlatán, cuyo ánimo osado no le impulsará en lo sucesivo a zaherir con injuriosas palabras a los reyes.
Dichas estas palabras partió, dejando a Aquileo con el corazón irritado a causa de la mujer de bella cintura que violentamente y contra su voluntad le habían arrebatado. En tanto, Odiseo llegaba a Crisa con las víctimas para la sacra hecatombe.
Ambos Ayaces, Odiseo y Diomedes enardecían a los dánaos en la pelea; y éstos en vez de atemorizarse ante la fuerza y las voces de los teucros, aguardábanlos tan firmes como las nubes que Zeus deja inmóviles en las cimas de los montes durante la calma, cuando duermen el Bóreas y demás vientos fuertes que con sonoro soplo disipan los pardos nubarrones; tan firmemente esperaban los dánaos a los teucros, sin pensar en la fuga.
Levantóse al punto el rey de hombres, Agamemnón, levantóse también el ingenioso Odiseo; y los heraldos conspicuos juntaron las víctimas que debían inmolarse para los sagrados juramentos, mezclaron vinos en la cratera y dieron aguamanos a los reyes.
Tales palabras dijo Tersites, zahiriendo a Agamemnón, pastor de hombres. El divino Odiseo se detuvo a su lado; y mirándole con torva faz, le increpó duramente: —¡Tersites parlero!
Echaron anclas y ataron las amarras, saltaron a la playa, desembarcaron las víctimas de la hecatombe para el flechador Apolo y Criseida salió de la nave que atraviesa el ponto. El ingenioso Odiseo llevó la moza al altar y, poniéndola en manos de su padre, dijo: —¡Oh Crises!
Héctor, hijo de Príamo, y el divino Odiseo midieron el campo, y echando dos suertes en un casco de bronce, lo meneaban para decidir quién sería el primero en arrojar la broncínea lanza.
Y el anciano perdiera allí la vida, si al punto no lo hubiese advertido Diomedes, valiente era la pelea; el cual, vociferando de un modo horrible dijo a Odiseo: —¡Laertíada, de jovial linaje!
Euríalo dio muerte a Dreso y Ofeltio, y fuese tras Esepo y Pedaso, a quienes la náyade Abarbarea concibiera en otro tiempo del eximio Bucolión, hijo primogénito y bastardo del ilustre Laomedonte (Bucolión apacentaba ovejas y tuvo amoroso consorcio con la Ninfa, la cual quedó en cinta y dio a luz los dos mellizos): el Mecistíada acabó con el valor de ambos, privó de vigor a sus bien formados miembros y les quitó la armadura de los hombros. El belígero Polipetes dejó sin vida a Astíalo; Odiseo, con la broncínea lanza, a Pidites percosio; y Teucro, a Aretaón divino.