Octavio


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Octavio (Octavius)

 
Nombre de familia del emperador Augusto.
Traducciones

Octavio

Ottavio

Octavio

SMOctavian
Ejemplos ?
Póstumamente va también el agradecimiento para Octavio Paz, primer editor y prologuista de La gran comedia de La segunda Celestina.
Cónsul y Requejo, 1886 La iconoteca asturiano-universitaria, 1886 Estudios Asturianos, 1886 Dos estudios sobre la vida de Jovellanos, 1886 Poesías selectas en dialecto asturiano, 1887 La Biblioteca asturiana, 1887 El libro de Oviedo, 1887 Rudimentos de Derecho, 1892 Nociones de Derecho usual español, 1894 Asturias, 1895 (junto con Octavio Bellmunt) Historia de Llanes y su concejo...
Por llamarse aquel poeta amigo y apasionado de César, Cinna, como el maldiciente que dijo mal de César, sin otra culpa que la equivocación del nombre, murió despedazado del furor del pueblo. Y Octavio se llamó César, por ser nombre de Julio, y esto le granjeó el amor, el séquito, las armas y la ciudad.
Los mexicanos, por naturaleza no somos violentos, no creemos en la violencia; los mexicanos creemos en la democracia; los mexicanos -creo que fue Octavio Paz, alguna vez lo dijo- somos dialogantes: nos ponemos de acuerdo.
La presentación del libro era de Octavio Paz –quien había amparado la publicación en su propia casa editorial– y el prólogo de Guillermo Schmidhuber, mientras que la edición estuvo a cargo de este último con la colaboración de Olga Martha Peña Doria.
Bruto, cuando no pudo personalmente oponerse a esto, escribió a Cicerón esta carta: Carta de Bruto a Cicerón "He sabido que por oponerte a la tiranía que Antonio pretende para sí, la procuras para Octavio, heredero que adoptó César.
De peor consecuencia es dársele a Octavio que dejársele a Antonio, cuanto es peor continuar por herencia y sucesión la tiranía, que empezarla por violencia; pues ésta siempre se oye delincuente, y aquélla ya deciende con buen nombre.
Teme que no con aquellas costumbres que se merece reinar se reina, y que igualmente se pierde la libertad debajo del buen príncipe como del malo. ¿Qué haces de las causas por que excluyes a Marco Antonio de la corona, si a ella admites a Octavio?
Advierte, ¡oh, Cicerón!, tu yerro: que dejas de ser traidor a tu patria en Antonio por serlo en Octavio; y que se conocerá que tu ambición y desorden excede a la de entrambos, pues quieres se conozca puedes quitar el Imperio y darle, porque reconociéndole de ti el emperador, te sea, si no agradecido, sujeto; si no vasallo, hechura; y puede ser padezcas las quejas del depuesto, y que no cobres el reconocimiento del colocado.
Yo tengo por culpa darte consejo en lo que te le debía pedir: juzga lo que será en ti no recibir el que debías dar." Leyó Cicerón este papel; mas no dio lugar a que Cicerón le considerase y obedeciese el ruido de las parcialidades que habían ya mezclado Octavio y Antonio.
Aquí todas las grandezas han tenido su tipo y todas las miserias su cuna. Octavio se disfraza con el manto de la piedad pública para ocultar la suspicacia de su carácter y sus arrebatos sanguinarios; Bruto clava el puñal en el corazón de su protector para reemplazar la tiranía de César con la suya propia; Antonio renuncia los derechos de su gloria para embarcarse en las galeras de una meretriz; sin proyectos de reforma, Sila degüella a sus compatriotas, y Tiberio, sombrío como la noche y depravado como el crimen, divide su tiempo entre la concupiscencia y la matanza.
Lo mismo he visto honrado casi en apoteosis el busto del desterrado Víctor Hugo que el del más acérrimo poeta imperialista; lo mismo se vende allí la novela del disolvente Sue, que la del peregrino Octavio Feuillet; lo mismo pasea en coche y tiene hotel y quintas de recreo, a expensas de su pluma, Alejandro Dumas, que Victoriano Sardou.