Ejemplos ?
Cuando en el golfo azulado que en esas playas ondea la lámpara que platea la noche, veas brillar, piensa, ¡oh Ángel!, que hay un hombre que su esplendor contemplando, está en Nápoles pensando para volverte a abrazar.
Carlos VIII se vio dueño de la Toscana y del Reino de Nápoles sin haber casi hecho uso de la espada, y toda su corte atribuyó esta felicidad inesperada a que los príncipes y la nobleza de Italia se divertían más procurando hacerse ingeniosos y sabios, que en ejercitarse para ser vigorosos y guerreros.
¡Ah, si las ejecuciones hubieran sido en la Calabria, y los ejecutados procedentes de Nápoles o de Roma, hubieran atentado contra la vida, por ejemplo, del patricio Liborio Romano!, entonces, ¡santo Dios!, ¿qué expiación más justa, más merecida que ella?
Cervantes encontró un verdadero protector en D. Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, nombrado en 1610 virrey de Nápoles. Cervantes diole pruebas de su gratitud hasta en el mismo trance de su muerte.
arta LVIILos primeros movimientos son irreprimibles Habiendo vuelto de Baies a Nápoles, fácilmente me persuadí de que teníamos mal tiempo, por no exponerme otra vez a subir a la nave, pero había tanto fango a lo largo del camino, que asimismo se podría imaginar que había navegado.
Desplegadas nuestras banderas en los reinos de Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Mallorca, han dilatado, y no cabiendo su valor en estos reinos, penetraron la Italia, pasaron a África y guerrearon en Grecia, y fue conocido su nombre en la América y Asia.
Los velos de oro que flotan hasta tocar su cintura, su triste mirar, su tez pálida como la luna, descubren a una italiana, que, aunque mucho disimula por ver las playas de Nápoles cambiara cuanto disfruta.
Quedando ellos domiciliados en esta provincia, los reinos de Nápoles, Cerdeña, Mallorca, que tantas veces han sido socorridos de las en sus contratiempos, y que después ha unido a este y, cuando sepan la empresa en que entramos por, no dejarán de mostrarse agradecidos, favoreciéndonos con todo aquello a que se extienden sus medios y socorros.
-Yo -respondió Rinconete- sé un poquito de floreo de Vilhán; entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las ocho; no se me va por pies el raspadillo, verrugueta y el colmillo; éntrome por la boca de lobo como por mi casa, y atreveríame a hacer un tercio de chanza mejor que un tercio de Nápoles, y a dar un astillazo al más pintado mejor que dos reales prestados.
Lejos, donde tiene Edison sus invenciones, se encienden de un chispazo veinte mil luces, como una corona. Hay panoramas de París, y de Nápoles con su volcán, y del Mont Blanc, que da frío verlo, y de la rada de Río Janeiro.
«Discreta sois por extremo, »-repuso, y tras pausa leve-, mas ¿qué infortunios tenemos?» Ya alentada la señora, pues siempre el paso primero es el trabajoso, dijo: «No faltan, señor, por cierto; dígalo Flandes perdida, y de Nápoles los reinos...
Magnífico Edén compuesto con los mares y alamedas, los templos y los palacios de Sevilla y de Florencia. Del turbio Guadalquivir con las frondosas riberas, los pescadores de Nápoles, las lagunas de Venecia.