Montijo

Montijo

 
Mun. de la prov. española de Badajoz, cab. de p. j.; 15 332 h. Centro agropecuario. Palacio de los condes de Montijo.
Ejemplos ?
La razón fue que España se encontraba inmersa en la Guerra de los treinta años en Alemania y simultáneamente en la guerra con Francia, además de la sublevación de Cataluña, Nápoles y Sicilia, y una conspiración en Andalucía, por lo que sus ejércitos no se encontraban disponibles; fue un delicadísimo momento conocido como crisis de 1640. En 1644 hay una pequeña lucha en Montijo.
Ancestros de Eugenia de Montijo La Emperatriz también ha sido conmemorada en el espacio exterior: el asteroide 45 Eugenia fue nombrado en su honor, y su luna, Petit-Prince., en honor al Príncipe Imperial La película Violetas imperiales está inspirada en su vida.
Numerosos artistas interpretaron canciones sobre ella: "Eugenia de Montijo" de Concha Piquer, "Eugenia Emperatriz" de Rocío Dúrcal, "Eugenia de Montijo" de Marujita Díaz, etc.
Chapman, Eugenia de Montijo, Editorial de Ediciones Selectas S.R.L., Buenos Aires, 1963 En francés, excelente sitio dedicado a Napoleón III En francés, breve biografía que contiene enlaces a objetos de arte del II Imperio y a las habitaciones de la familia imperial en las Tullerías (Museo del Louvre).
aría Eugenia Palafox Portocarrero y KirkPatrick, condesa de Teba, más conocida como Eugenia de Montijo (Granada, 5 de mayo de 1826 - Madrid, 11 de julio de 1920) fue emperatriz consorte de los franceses como esposa de Napoleón III.
Su misión no era entender de política, sino lo que, en definitiva, es la misión suprema de la mujer: crear un tipo nuevo y egregio de feminidad, elevarse sobre el horizonte sentimental del hombre como una nueva constelación sugestiva. Y esto lo hizo genialmente Eugenia de Montijo.
Dictó el gitano la filiación del bandido; cobró desde luego la suma ofrecida, y salió de la Capitanía General, dejando asombrados al Conde del Montijo y al sujeto, allí presente, que nos ha contado todos estos pormenores.
Cuando ya no se hable en el mundo de Imperios ni de guerras, ni de políticas, se seguirá contando que Eugenia de Montijo fue amiga de Mérimée y de Stendhal, los dos franceses más libérrimos de espíritu que ha engendrado el siglo xix.
Quince días después de la escena que acabamos de referir, y a eso de las nueve de la mañana, muchísima gente ociosa presenciaba, en la calle de San Juan de Dios y parte de la de San Felipe de aquella misma capital, la reunión de dos compañías de migueletes que debían salir a las nueve y media en busca de Parrón, cuyo paradero, así como sus señas personales y las de todos sus compañeros de fechorías, había al fin averiguado el Conde del Montijo.
José Matías Vázquez de Acuña, Menacho, Morga, Zorrilla de la Gándara, León, Mendoza, Iturgoyen, Lisperguer, Amasa, Román de Aulestia, Sosa, Gómez, Boquete, Ribera, Renjifo, Ramos, Galván, Caballero, Borja, Maldonado, Muñoz de Padilla y Fernández de Ojeda, vástago de conquistadores por todos sus apellidos, caballero de la orden de Santiago, gentilhombre de Cámara con entrada, elector de la abadía de San Andrés de Tabliega en la merindad de Montijo...
- ¡Llevadme a la Capitanía General! -decía el gitano-. ¡Tengo que hablar con el Conde del Montijo! - ¡Qué Conde del Montijo ni qué niño muerto!
Otro sí, con condicion que en la dicha conquista, pacificacion y poblacion y nombramiento de los dichos indios, en sus personas y bienes se así tenido y obligado de guardar en todo y por todo, lo contenido en las ordenanzas é instrucciones que para esto tenemos fechas y se hizieren, y vos serán dadas. Estaban en esta capitulacion las ordenanzas, conforme de la capitulacion de Francisco Montijo.