Mojados

Mojados

 
Mun. de la prov. española de Valladolid; 2 443 h.
Ejemplos ?
Y al enfilar hacia el Océano libre, una sombra se levanta; abiertas las piernas sobre el Delta, aferrado al suelo que sus tesoros guarda, el Orinoco de sus muslos mojados, que tiene oro en los pies y el Sol en las espaldas y la cabeza entre los cielos, en una mano tiene un arco y con veinte flechas dispara, y luchan las tres naves por avanzar y en vano porque en el Delta le rechaza el viejo indio autónomo que nació en la Parima y creció en la Guayana, y tiende el arco indígena, si, tiende el arco iris y lanza veinte flechas si vuelan veinte garzas...
Y a lo lejos se alcanzaban los reflejos que radiaban las hogueras, que en las anchas rastrojeras y en las lanchas y riberas alimentan sin cesar los cansados labradores, los mojados pescadores que, olvidados sus pesares y sudores, sus azares arrostrados, sus amores desdichados, se reúnen a contar; mientra en olla nada escasa hierve su cena a la brasa del improvisado hogar.
Y sus labios mojados por las lágrimas, que no cesaban de beber, se posaban con maternal, desesperado, ahínco en la frente de la enferma, empapada en el sudor de la agonía.
Corría, corría aguijoneada por dos estímulos, por dos terrores: el de perder su ropa, su sombrero, sus galas -la tercera parte por lo menos de su belleza-, y el de ser vista en grotesca situación, hecha una birria, envuelta en trapos mojados y con unas plumas desteñidas soltando manchurrones...
Los teatros están llenos de engañosas sirenas coronadas con rosas de invernadero, y el público está satisfecho y aplaude viendo corazones de serrín y diálogos a flor de dientes; pero el poeta dramático no debe olvidar, si quiere salvarse del olvido, los campos de rosas, mojados por el amanecer, donde sufren los labradores, y ese palomo, herido por un cazador misterioso, que agoniza entre los juncos sin que nadie escuche su gemido.
El médico entra, me examina; declara no haber fractura ni dislocación del hueso, ni cuerda encaramada; tocóme el rasguño de la mejilla, sacó un instrumento, y sin dolor extrajo del rasguño aquel la pequeña astilla de palo; me dio a tomar un bebistrajo que tenía aguardiente; tomó una copa, puso en ella un papel encendido, y, asentándomela en la espalda la fue corriendo, inflándome las carnes en dolorosa tensión; manos femeniles empapadas en aguardiente alcanforado frotaron mi cuerpo; y, por último, pegáronme en varios puntos pingos de trapo mojados en una agua amarillenta.
La pobre miss Mowcher se estremecía a fuerza de llorar y de desesperarse; después se volvió hacia el fuego para calentar sus piececitos mojados entre las cenizas, y se quedó allí como una gran muñeca, con los ojos fijos en el fuego.
Comiendo su chuleta y bebiendo su té, apoyaba el mentón en su corbata azul cielo, atravesada por dos alfileres de diamantes unidos por una cadenita de oro; y sonreía con una sonrisa singular, de una manera dulzona y ambigua. Pero, dándose cuenta de que ella tenía los pies mojados: Acérquese a la estufa...
14 Y aconteció, que partiendo el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán, y los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del pacto, 15 Cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, así como los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados á la orilla del agua, (porque el Jordán suele reverter sobre todos sus bordes todo el tiempo de la siega,) 16 Las aguas que venían de arriba, se pararon como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Sarethán; y las que descendían á la mar de los llanos, al mar Salado, se acabaron y fueron partidas; y el pueblo pasó en derecho de Jericó.
-¿A que no, si os remojo el paladar con unos bizcochillos mojados en suave licor, y si os regalo a cada una un ramo de flores, cuyo grato olor os despierte los sentidos?
El cura se secó los dedos, echó al fuego los restos de algodon mojados de aceite y volvió a sentarse cerca de la moribunda para decirle que ahora debía unir sus sufrimientos a los de Jesucristo y encomendarse a la misericordia divina.
-Gloria sólida, consolidada, como si dijéramos, gloria al portador, en buena moneda de oro de ley, girada por Aquél que no quiebra ni quebrará, ni mete gato por liebre, ni da a sus elegidos billetes falsos, ni papeles mojados de una Deuda que no hay Cristo que cobre...