Me perdí

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Me perdí 
Ejemplos ?
Intenté alcanzarlo, siguiendo el ruido de sus ruedas a través de las calles solitarias y negras, negras como la muerte. Una vez más me perdí.
–Nada –apunté con despreocupación forzada– que salimos tarde del colegio... –No puede ser; porque Alfredito llegó a su casa a la cuatro y cuarto... Me perdí.
¡Aquél sí era un endividuo que sabía las comenencias, y el tratamiento de las personas verídicas. ¡Vaya un amigo que me perdí! Toda la Inclusa era nuestra, y en tiempo electoral, ni Dios nos tosía, ni Dios, ¡hostia!...
Si se opta por señalar cuatro edades, se suelen compararar con las cuatro estaciones del año: infancia como primavera (germinación y crecimiento), juventud como verano (temperamento ardiente), madurez como otoño (recolección de los frutos, resultado del trabajo previsor) y vejez como invierno (temperamento frío o apagado, inactividad y dependencia de lo conservado de épocas anteriores).: Juventud, divino tesoro de Rubén Darío (Canción de otoño en primavera), en el que se ha señalado coincidencia poética con Góngora.: Nel mezzo del cammin di nostra vita, primer verso de la Divina Comedia de Dante (de forma completa Nel mezzo del cammin di nostra vita, mi ritrovai per una selva oscura -en medio del camino de nuestra vida, me perdí por una selva oscura-)...
¿No dijo nada? Porque por ahí no miré televisión o no lo leí en algún diario y me perdí. O sea, ¿tampoco dijeron nada sobre las petroleras que hacen estas maniobras de cartelización?
Entendí, y a media noche, cuando los centinelas se durmieron, huí. Me perdí en el monte, y después de tres días salí de nuevo al campamento.
«Ábreme hermana mía, el blanco seno, que vengo fatigado del camino; por extraño pensil de lilas lleno me perdí susurrante peregrino.
Pompeyo dio la muerte a mi padre, y aborreciéndole como a homicida suyo, luego que contra Julio en defensa de vosotros tomó las armas, le perdoné el agravio, seguí sus órdenes, milité en sus ejércitos y en Farsalia me perdí con él.
El disfraz que vestí era incorrecto. Pronto me tomaron por quien no era y no lo desmentí, y me perdí. Cuando quise quitarme la máscara, Estaba pegada a la cara.
Eso sí, el papel tiene que estar el lunes bien temprano aquí. Estremecido de alegría anoté el pedido, saludé con una reverencia al seráfico farmacéutico y me perdí por las calles.
Al descubrirse, un hilo de sangre brotó de entre sus cabellos, rodó por la sien, hasta cuajarse en hebra espesa sobre la barba –Faltó la vieja y me perdí –murmuró con amarga sonrisa–.
Vuestra soy, pues me criastes, Vuestra, pues me redimistes, Vuestra, pues que me sufristes, Vuestra, pues que me llamastes, Vuestra, porque me esperastes, Vuestra, pues no me perdí.