Madrigueras

Madrigueras

 
Mun. de la prov. española de Albacete; 4 536 h.
Ejemplos ?
«¡Cómo!, decía yo, he aquí una muchacha que fingía amor para un joven pretendieme, que hablaba de un casto himeneo, que hacía el papel de desconsolada esposa y al sólo nombre del vicio, de sus vergonzosas e inmundas madrigueras, ya está reventando de alegría.» De esta suerte, la especie femenina y su moralidad estaban sometidas a la censura de un asno.
Sabía yo que esta modesta e idílica prosperidad era obra de un hombre, pobre como los demás labradores, que viven en madrigueras y se mantienen de berzas cocidas y mendrugos de pan de maíz, pero más activo, más emprendedor; dotado de la perseverancia que caracteriza a los anglosajones, de iniciativa y laboriosidad, y que, a fuerza de economía, trabajo, desvelos e industria había llegado a adquirir aquellas productivas heredades, aquel huerto con su arroyo y a construir en vez de ahumado y desmantelado tugurio, la vivienda de «señor», saludable, capaz, aspirando y respirando holgadamente por sus seis ventanas y su alta chimenea...
Los insectos, atraídos sin duda por las migajas del banquete campestre de los ya enardecidos jóvenes, se aproximaban con organizada disciplina en pos de llevarse las sobras alimenticias a sus madrigueras.
Las habitaciones cubiertas de molduras descoloridas por el humo y el polvo de más de cien años, los escalones medio derrengados, los gritos y luchas de las ratas grises en las madrigueras, el verdín y la suciedad de todo, lo conservo en mi espíritu, no como cosa de hace muchos años, sino de ahora mismo.
¡Aquellos ojos, hogar donde buscaba amparo mi alma aterida, antorcha donde yo había encendido una y otra vez la tea de mi silenciosa pasión, aquellos ojos, soles de juventud, de amor y de esperanza, eran dos cuencas vacías, dos hoyos negros, dos madrigueras de gusanos!
Y es preciso proclamado y decirlo a gritos, a los cuatro vientos, para que lo sepa el mundo entero y sobre todo para que se enteren esos roedores bastante numerosos que han quedado aquí, en Bilbao, en sus madrigueras, y que ya empiezan a susurrar deslizándola al oído la frase convenida: «Bilbao se ha rendido» y un poco después esta otra: «Los gudaris fueron los que al entregarse salvaron Bilbao».
Las ardillas que vivían dentro del gran abeto no dejaban de frotarse las naricitas unas con otras, a fin de conservarlas calientes, y los conejos permanecían acurrucados en sus madrigueras, sin atreverse siquiera a asomarse.
-Lástima de ellos y no lástima de nosotros, ¡por vida de Dios, que esto no se acabará en tanto no se acabe con todos ustedes, que todos ustedes sois lobos de las mismísimas madrigueras!
Eran las covachuelas unos chiribitiles subterráneos que desaparecieron hace pocos años, no sin resistencia de los canónigos, que percibían el arrendamiento de esas húmedas y feísimas madrigueras.
MANCHUELA: Abengibre, Alatoz, Alborea, Alcalá del Júcar, Balsa de Ves, Carcelén, Casas de Ves, Casas-Ibáñez, Cenizate, Fuentealbilla, Golosalvo, Jorquera, Madrigueras, Mahora, Motilleja, Navas de Jorquera, Pozo-Lorente, Recueja (La), Valdeganga, Villa de Ves, Villamalea, Villatoya, Villavaliente.
Ya me lo imagino ese día, los comerciantes saliendo como vizcachas asustadas de sus madrigueras y nosotros limpiando de inmundicia el planeta con una ametralladora.
Entonces los habitantes de la selva cornudos y sin cuernos huyen, rechinando los dientes, por los tallares espesos; porque en sus ánimos no existe sino una preocupación: la de ir a buscar madrigueras secretas y cavernas pedregosas aca y allá.