Macedonios


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Macedonios (Makedónios)

 
Dinastía de emperadores de Bizancio (867-1057), que señaló el período de mayor esplendor político y cultural del Imperio bizantino. Fue fundada por Basilio I.
Ejemplos ?
El soldado de infantería, con su pesada armadura y sus armas, puede con razón temer las flechas de la caballería parta, los pasajes estrechos, los asedios enemigos o un país del que no se puedan obtener suministros; pero ha rechazado miles de ejércitos más formidables que aquellos de Alejandro y sus macedonios, y los rechazará en el futuro siempre que la paz doméstica y la concordia de la que ahora disfrutamos sigan sin interrupción durante los años venideros.
La ciudad se llenó de confusión. Todos a una se precipitaron en el teatro arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de Pablo.
¿Qué orador hemos oído citar a Lacedemonia?, ¿cuál es de Creta?, cuyas ciudades se reputan de una severísima educación y rigurosísimas leyes, Tampoco hemos conocido la elocuencia ni de los macedonios, ni de los persas, ni de alguna otra nación que estuviese gobernada con cierto supremo imperio.
Las letras, todavía en su infancia, no habían llevado la corrupción al corazón de sus habitantes; pero el progreso de las artes, la disolución de las costumbres y el yugo de los macedonios, se siguieron muy de cerca, y Grecia, siempre sabia, siempre voluptuosa y siempre esclava, no experimentó en sus revoluciones más que cambios de dueños o señores.
Hasta aquí es lo que me dijo, y a mi, Daniel, me turbaron mucho mis pensamientos, se me demudó el color del rostro y guardé en mi corazón estas palabras que me dijo.» Aquellos cuatro reinos declaran algunos y tienen por los de, los asirios, persas, macedonios y romanos.
Hoy mismo, si la restauración de la Sede temporal dependiera de una cruzada exterior, Pío X acudiría al rey de Inglaterra que es protestante, al Zar que es ortodoxo, a Loubet que es librepensador. No rechazaría ni al Sultán, mahometano, rojo de pies a cabeza con la sangre de armenios y macedonios.
Después llegamos al país magnesio y a la re­gión de los macedonios, al curso del Axios, y al cañaveral pantanoso de Bolbe y al monte Pangeo, en el país de los edonios.
3 Mas he enviado los hermanos, porque nuestra gloria de vosotros no sea vana en esta parte; para que, como lo he dicho, estéis apercibidos; 4 No sea que, si vinieren conmigo Macedonios, y os hallaren desapercibidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de este firme gloriarnos.
29 Y la ciudad se llenó de confusión; y unánimes se arrojaron al teatro, arrebatando á Gayo y á Aristarco, Macedonios, compañeros de Pablo.
Es algo desagradable, en el caso de tan gran hombre, tener que dar cuenta de su amor tan ostentoso por la indumentaria; las postraciones que exigía a cuantos se aproximaban a su presencia, y lo humillados que se debían sentir los macedonios, no ya de haber sido vencidos, sino cuánto más siendo los vencedores; los castigos terriblemente crueles que infligió; el asesinato de sus amigos en la mesa de banquetes; la vanidad que le hizo inventar para sí mismo un linaje divino.
No, él habría corrido mayores riesgos que ellos, pues los macedonios solo tenían un Alejandro, que no era únicamente el responsable ante cualquier accidente, sino que se exponía a ellos deliberadamente, mientras que había mucho romanos iguales a Alejandro en gloria y la grandeza de sus hazañas, y aún cada uno de ellos podía enfrentar su destino con su vida o su muerte sin poner en peligro la existencia del Estado.
Él habría cruzado el mar con sus veteranos macedonios, que ascenderían a no más de treinta mil infantes y cuatro mil de caballería, la mayor parte tracia.