Leandro

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Ejemplos ?
-No -contesté-. En la Antigüedad precisamente es donde se encuentran los casos característicos de pasión: Fedra, Mirra, Hero y Leandro...
Por Francisco Espínola (hijo). Prólogo de Pedro Leandro Ipuche. Montevideo, 1926. Aparece con este el primer libro de Francisco Espínola (hijo).
NICANOR: ¿Ya te juzgas muerto y vencido? LEANDRO: Sí, amigo. Cuando los halcones buscan por las regiones del viento a la garza, haciendo puntas, y ella, del sol mariposa, hecha un cometa de pluma, se remonta hasta los cielos, con naturaleza oculta reconoce cuál neblí, entre las rapantes uñas le ha de matar, aquél teme, y de los otros se burla, sin temerlos ni estimarlos, del mismo modo me anuncia mi corazón que he de ser presa y víctima desnuda de libertad, de la hermosa sacerdotisa que alumbra ese templo más que Venus con ser ésas aras suyas.
MÚSICOS: "Los cisnes y las palomas del carro de Venus hurtan los resplandores al sol y la nieve de sus plumas". Vanse. LEANDRO: Nicanor, ¿pudo ser Venus entre las flores y nuncias del Himeto tan hermosa?
NICANOR: ¿Quieres que yo la retrate entre la tropa confusa de esa gente, pues que soy el Fénix de la pintura? LEANDRO: Sí, Nicanor, y la vida si acaso me queda alguna, será el premio del retrato.
Patricio Plendo: quince años. Félix Hernández: quince años. Gregorio Bedolla: quince años. Leandro Rosales: quince años. José Hernández: quince años.
Era don Leandro capitán del ejército español, y cuando la campaña contra los patriotas de Chile llevó á su hermano en condición de cadete, obteniéndole á i oco el ascenso á subteniente.
De más está decir que aque- lla tarde fué de fraternal reconciliación. Don Leandro no quiso tomar servicio en el Perú, y se em- barcó para España.
Cuando fallecido el monarca estalló la guerra civil, don Leandro renunció el cargo que servía y fué á incorporarse en el ejército carlista.
Ca- brera con 12,000 hombres se contrajo á impedir que el ejér- cito de O'Donell se uniera con el de Espartero, quien con 30,000 soldados y mucha artillería sitiaba la fortaleza de Mo- rella, defendida pK)r 2,800 carlistas con quince cañones. Los biigadieres don Pedro Beltrán y don Leandro Castilla ftieron los jefe¿ á quienes Cabrera encomendara la resistencia.
Así convenía á la causa carlista, y el abnegado don Leandro aceptó el tristísimo deber de rendir la plaza y la i enosa condición de prisionero, en la que permaneció muchos meses hasta que consiguió evadirse y emigrai- á Francia.
Cuando en 1865 las turbulencias políticas del Perú llevaron á Europa, en condición de proscrito, al gran mariscal Casti- lla, ya no existía don Leandro; pero en Pau (Francia) tuvo el placer de recibir la visita de doña Dolores, la viuda del bri- gadier carlista.