Lavalleja

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Lavalleja

 
Departamento del SE de Uruguay; 10 149 km2 y 61 241 h. Cap., Minas.
Ejemplos ?
Desfiló cuanto existía entonces; la plaza con sólo un ombú en el rincón norteño, frente a la arcada de los fondos de Marexiano, por donde se colaba en las noches Retentén para dormir vestido sobre una pila de cueros; el circo Olímpico, donde el inglés don Pablo repetía incansablemente su pantomima de “los dos toneleros burlados y el ladrón sutil”; el frontón en que, zaguero sin izquierda, maravillaba el vasco Ereño con la sotana recogida hasta la cintura; la mesa del “Café de los Federales” donde conoció a Lavalleja.
Cuando Artigas, al decidir su retirada al Paraguay, después de sus últimas derrotas, mandó a Lavalleja, que se hallaba prisionero en la Isla das Cobras, aquel simbólico auxilio de 4.000 pesos, debió tener una anticipada visión de este inconfundible pronunciamiento.
Al encuentro del emisario se adelanta don Manuel Lavalleja, quien preguntado por Balbuena sobre qué gente era aquélla, contesta Lavalleja: "Es la vanguardia del ejército libertador".
Dice don Luis Ceferino de la Torre, que dispuestas las cosas y prontos para arrojarse a la empresa, partieron nuevamente de Buenos Aires, "Manuel Lavalleja, Sierra y Freire con una docena de compañeros, conduciendo el armamento a depositarlo en la Isla Brazo Largo, punto de reunión acordado, que estando cerca de la costa y de la estancia de Tomás Gómez, debían combinar con éste el día que les arrimase caballos a los expedicionarios".
Lo habitaron los gobernadores que se sucedieron durante el coloniaje, lo mismo que en el tiempo de los lusitanos e imperiales, con excepción del Barón de la Laguna, que ocupó primero la casa de altos de Zamora, propiedad después del Gral. Lavalleja, mudando su domicilio el año 21 a los altos de la de Cipriano de Mello.
¿Cómo y por qué, entonces, Lavalleja se anuncia a los irredentos al desembarcar en la Agraciada llamándoles argentinos orientales y manifestando el propósito de cumplir el programa artiguista?
Podría ser el testimonio de Isidoro Suárez, el granadero de Junín, quien al terminar la guerra felicitaba a Lavalleja “ por la paz honrosa habida entre el Imperio del Brasil y el Estado Oriental ”.
Informado que el contratante Mattison, pretextando un incumplimiento de parte de Gordon MacMurray, se disponía de levar anclas en la “Luisa” todavía a medio cargar, Lavalleja sin demora – con la energía lindera a la audacia que lo caracterizaba – mandó aprehender al inglés en su propio barco y someter su caso a la decisión de nuestra justicia hasta allí despectivamente sobrepasada.
Como Bayardo: así fue Lavalleja Otros Orientales de su tiempo sin tener los méritos personales suyos alcanzaron en vida más rápidamente, más largamente, honores y posiciones.
Al azar tomo una comunicación de Rivera a Lavalleja de fecha 16 de mayo y allí encuentro que se ha puesto en comunicación con los brasileros y abrasilerados de Mercedes y Salto...
Sala” debió reunirse para sus tareas en Florida, lugar donde residía el gobierno desde los comienzos memorables de junio de 1825, pero si así hubiera sido, perdíase una oportunidad para el “campanazo”… Los precedentes no podían obligar a la Junta de Representantes, “autoridad suprema de la Provincia” y para demostrarlo, contribuyendo a crear “la fibra legal” en el medio bárbaro, era conveniente, desde luego, establecerse en otra parte, aun cuando ello sirviera, además, para mostrar que los diputados preferían acercarse a Buenos Aires y alejarse de Lavalleja y los buenos soldados patriotas acampados en Durazno.
Nuestra situación de ahora volvía a ser igual, por lo menos, a la declarada en abril de 1813 y sólo en tal virtud es que pudimos reiterar casi a renglón seguido de la “recuperación”, el voto por la asociación que nunca había comprometido la libertad de Artigas. ¿Y por qué siendo así iba a comprometer la de Lavalleja?