La Malibrán

Malibrán, La

 
V. García, María Felicia.
Ejemplos ?
Para otros fue la válvula de escape que encontró la Malibrán para alejarse del control paterno y según otros Manuel García se opuso férreamente al matrimonio por diferentes razones, tanto de preocupación de padre como también económica.
Tras su auspicioso debut María se vio inmersa en la música y comenzó a tomar lecciones. El primer y único maestro de la Malibrán fue su padre, un cantante brillante y a la vez tiránico y exigente.
Sus dos hermanos fueron también cantantes: Manuel Vicente García, nacido en Madrid en 1805 fue un famoso barítono y además uno de los mejores profesores de canto de su tiempo y su hermana menor Pauline García-Viardot, conocida como «La Viardot» fue otra gran diva de la ópera y una de las mujeres más influyentes en la cultura europea de su tiempo. La Malibrán llegó al mundo mientras su padre triunfaba en París en 1808, tras huir de la nativa España por entonces ocupada por Napoleón.
Cinco meses manteniendo a su marido soportó el espíritu en ebullición de la Malibrán hasta que harta de la situación pidió el divorcio que Eugene se negó rotundamente a entregarle.
La Malibrán debutó en La Ópera de París como Semiramide de Rossini en el transcurso de una gala a beneficio de Monsieur Galli. A pesar del nerviosismo de la cantante que se medía a una audiencia que ya tenía por favoritas a verdaderas leyendas de la época como Giuditta Pasta, Rosmunda Pisaroni o Henriette Sontag, su talento vocal y originalidad en la actuación la puso desde un primer momento en un lugar aparte en el competitivo mundo parisino de las Prima donna.
Su abultado contrato estipulaba un pago de 8000 francos por noche, cifra que ya la ponía por encima de sus competidoras. En voz, genio y carácter la Malibrán no tenía posible competencia en París.
Su voz que al inicio de sus estudios no mostrara cualidades de primer orden se había extendido hacia los extremos del registro gracias al férreo estudio con su padre y en gran medida a la disciplina casi militar a que la Malibrán sometía a su órgano vocal.
A pesar de su triunfo, el enfrentamiento con Henriette Sontag fue inevitable desde un comienzo y si bien la Malibrán poseía claras ventajas sobre la soprano, tanto público como críticos se dividieron en opiniones.
Si los franceses convirtieron a la Malibrán en la superestrella del momento fueron los italianos quienes la envistieron del título de "Diva".
Además de su actuar divesco la sociedad conservadora de la época le pasó la cuenta y si bien artistas y fanáticos la siguieron apoyando en su nueva posición de mujer liberada, lo cierto es que el escándalo fue muy grande. La Malibrán resentida por las críticas decidió no volver a cantar nunca más en París.
Cuenta la anécdota que la Malibrán le desesperaba la hermosura de la voz más convencional y menos extensa de la Sontag, tanto que entre lágrimas se preguntaba "Por qué tiene que cantar tan bien?".
Gracias a esta amistad el público parisino pudo disfrutar de ambas cantantes combinadas en la misma ópera, así ambas se lucieron en Tancredi donde la Sontag brindaba una insuperable Amenaide, Don Giovanni donde la Malibrán cantaba la parte de Zerlina, un rol secundario al que sabía insuflarle el carácter de uno principal y en la citada Semiramide de Rossini en donde la Malibrán cantaba la parte de Arsace.