Ejemplos ?
Olaf se había declarado rey de Dublín tras varias incursiones a Inglaterra y conquistar Dublín en Irlanda. Ambos tuvieron un hijo, Thorstein el Rojo y una hija, Jocunda Olafsdattir, princesa de Dublín.
a Gioconda (traducción al español, La Jocunda) es una ópera en cuatro actos con música de Amilcare Ponchielli y libreto en italiano de Arrigo Boito, que lo firmó como «Tobia Gorrio».
Las sagas mencionan que otros hijos de Rognvald estaban mucho más interesados en conquistar otras plazas que no Escocia, por lo que el condado fue cedido al hijo más joven Torf-Einarr, cuya madre era thrall. Sigurd casó con Jocunda Olafsdatter (n.
Tenorio modernista: remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos ingénita del subintelectualmente Pablo Parellada, Madrid, R.
Su lenguaje es castizo, puro y elegante, aunque es capaz de deformarlo con motivo caricaturesco, como demuestra en su Tenorio modernista (1906), «remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos», en la que ataca el lenguaje hiperculto, declamatorio y pomposo del Modernismo ininteligible para muchos.
Virgen única al mundo sin ejemplo, que al cielo por Tu gracia enamoraste, no teniendo jamás de Ti segunda, los actos santos de piedad que obraste te hicieron para sacro y vivo templo del verdadero Dios virgen fecunda. Por Ti puede mi vida ser jocunda, si a Tus ruegos, María, Virgen süave y pía, donde abundó el error, la gracia abunda.
¿Dónde la jovial gracia coloreada del divino Boticelli? ¿Dónde las flores de perfume capitoso y embriagador? ¿Dónde la vida jocunda? ¿Dónde los bosques sonoros y poblados?
Fray Ambrosio, luego de haber hablado, rióse abundantemente, y aún quedaba en la bóveda de la sacristía la oscura e informe resonancia de aquella risa jocunda, cuando entró un seminarista pálido, que tenía la boca encendida como una doncella, en contraste con su lívido perfil de aguilucho, donde la nariz corva y la pupila redonda, velada por el párpado, llegaban a tener una expresión cruel.
Mi antiguo maestro de gramática aún hacía memoria de tanta bienandanza. ¡Oh, regalada holgura, eclesiástica opulencia, jocunda glotonería, siempre añorada, del Real e Imperial Monasterio del Sobrado!
¡Óyeme, diosa bienaventurada, que tienes un negro esplendor, brillante de astros; que te alegras del reposo y del profundo sueño, jocunda, encantadora; que gustas de las largas vigilias, madre de los sueños, olvido de las penas, propicia; que descansas de los trabajos, inspiradora de himnos, amiga de todos, arrastrada por caballos; que luces en la oscuridad, conseguida a medias, terrestre y uránica alternativamente; que circundas y jugueteas, deslizándote por los efugios del aire; que empujas la luz hacia el Hades o vuelves hacia el, porque la abrumadora necesidad vence a todas las cosas!
Tu egregio padre fue Don Ramón de la Cruz, genio que en su canción puso desgaires y desparpajos, y en sus escenas, sin par galanas, cantó los ojos de las villanas y las hazañas de nuestros majos. Tu carcajada bella y jocunda todo lo invade, todo lo inunda; la vida seria te importa un bledo.
Acabóse el buen humor que arcenara, en jocunda guardilla tornasol, la fraternal efusión de los almuerzos soleados y las florecidas cenas retardadas: pues, aun cuando el apetito por las buenas viandas arreciaba con fuerza mayor en el señor Lorena, a raíz de su sétima caída romántica, quijarudo Pierrot punteaba ahora en su alma herida, ahora que los días y las noches le aporreaban con ocasos moscardados de recuerdos, y lunas amarillas de saudad.