Ejemplos ?
-Pues no veo las condiciones -arguyó despechada Jacinta, mordiéndose los labios, en vez de morder la rebanada de piña que embalsamaba su plato.
Con la enseñanza del colegio y todo, Jacinta, la pequeña, no estaba muy bien educada, y tal vez hubiese sido menos simpática si lo estuviese.
Jacinta, encanto y adorno de toda la Andalucía; y por sus luengas pestañas, por su apacible sonrisa, por los graciosos hoyuelos que avaloran sus mejillas, por su cuerpo primoroso y por sus formas divinas, por su gracia y su talento y su modestia expresiva, el hechizo de los hombres, de las mujeres la envidia.
Fue habitada en el año 1820, sus primeros pobladores fueron los señores Juan Rogel, Segundo Rogel, Dora Castillo de Rogel, el matrimonio Uriarte Benavides del que nacieron Leonardo, Alberto, María Mercedes, Jacinta, Delfina, entre otros: todos ellos de origen lojano.
Un domingo, sin embargo, como su madre hubiese salido a misa, vio Jacinta puestas las llaves del tocador, en el que guardaba, sin duda, preciosidades, pues ni aún entreabrirlo había consentido jamás la señora en presencia de la colegiala; y ésta, cual gatito que puede deslizarse en alacena bien repleta de fiambres y quesos, diose prisa a huronear.
Doña Jacinta removió las brasas, haciendo muecas al humo y colocó encima el pedazo de carne que había traído para que su esposo churrasquease antes de salir al campo.
-¿Qué es eso? ¿Qué carta es esa tan rara? -interrogó el duque. -Del ama, de Jacinta... Le prometí que se la leería. Es de su gente...
Mucha congueria — Tertulia hasta las once. Doiia Jacinta canto una tirana nueva. La Juana no ha pagado la semana al mercachifle — A las once, cuenta de gastos de la semana Suma, treinta y tres y cuartillo realesj caramba!
Pronta como el rayo, se precipitó la duquesa hacia Jacinta y le arrancó de los brazos la tierna criatura, que rompió en tristísimo llanto al soltar la ubre.
La bella Jacinta B., los ojos llenos de la lágrimas y sus blancas manos manchadas de sangre, corría a recibir los moribundos, los reclinaba en su seno, mojaba sus labios con bebidas refrigerantes y les dirigía palabras de consuelo.
¡Ay!, pero puede feliz llamarse en sus cuitas, venturoso en su destierro, fortunado en sus desdichas. Creció el amor con la ausencia en el pecho de Jacinta, que la distancia y el tiempo al que es verdadero afirman.
En los niños ejercen misteriosa atracción los atributos carnavalescos, antifaces, disfraces, cuanto huele a máscaras. Jacinta nunca conseguía que las monjas la dejasen ver el carnaval.