Ejemplos ?
Sin Zahira, enamorada de Gustios, no hubiera nacido Mudarra; los siete infantes de Lara no hubieran tenido vengador; la flor de la caballería castellana hubiera perecido antes de abrir el cáliz; acaso no hubiéramos poseído al Cid, pues á no inspirarse en la espada de Mudarra y cobrar aliento con ella, no hubiera muerto al Conde Lozano ni dado principio á tanta hazaña imperecedera.
Cuentan que por los años de 1620 vivía en la muy noble y muy leal ciudad de los Caballeros del León de Huánuco don Fermín García Gorrochano, noble, por supuesto, más que el Cid Campeador y los siete infantes de Lara.
Ya convidan por Castilla, por Castilla y por Navarra: tanta viene de la gente que no hallaban posadas, y aún faltaban por venir los siete infantes de Lara.
Había en Lima un hombrecillo del codo a la mano, casi un enano, llamado don Juan Manrique y que, sin comprobarlo con su árbol genealógico, se decía descendiente de uno de los siete infantes de Lara.
Si aqueste muriera entonces, ¡qué grande fama dejara!, no matara a sus sobrinos, los siete infantes de Lara, ni vendiera sus cabezas al moro que las llevaba.
Y limpiándoles la sangre, asaz se fuera a turbar; dijo llorando agramente: -¡Conózcolas por mi mal! la una es de mi carillo, las otras me duelen más: de los infantes de Lara son, mis hijos naturales.
oyen hablar de los siete Infantes de Lara, de rústicas tumbas de nobles, contemplan la huella de Almanzor, los arcos de líneas visigóticas, mozárabes y románicas.
La tradición ha elaborado la leyenda también en el romancero. Los infantes de Lara eran hijos de Gonzalo Gustioz (o Gustios) y Sancha Velázquez, mejor conocida como «Doña Sancha».
Su primer libro importante fue La leyenda de los infantes de Lara (1896), un estudio exhaustivo de la leyenda y de su transmisión hasta el siglo XX cuya importancia derivaría de ser el germen de su intento ulterior de explicar la totalidad de la primitiva épica medieval castellana, entonces descuidada por la crítica.
79 El crítico anglosajón aprecia que el Cantar de los siete infantes de Lara o Salas reúne un gran valor por la antigüedad y prioridad en su género y por cuanto refleja la que sería la edad heroica del nacimiento y formación de Castilla, periodo que es a su vez el momento de la gestación de la épica en los pueblos.
Además, ensalza la enérgica pintura de algunos pasajes, como aquel en que Mudarra amenaza a Doña Lambra y esta intenta buscar protección: El cantar de los Siete Infantes de Lara, a pesar de que no se pudo conservar en ningún manuscrito (aunque Ramón Menéndez Pidal y, en menor medida, Erich von Richthofen reconstruyeron muchos de sus versos), ha tenido una gran influencia en la literatura posterior.
Así, los pretendidos sarcófagos de los siete infantes de Lara se muestran en el Monasterio de San Millán de Suso, aunque los restos que pretenden ser los de los hermanos asesinados han sido disputados por otros monasterios, como el de San Pedro de Arlanza; también la iglesia de Santa María de Salas de los Infantes afirma guardar sus cabezas, y exhibió mucho tiempo siete cráneos que eran tenidos por los de los siete hermanos; por otro lado, en la Catedral de Burgos se dice que se halla el sepulcro de Mudarra.