Hinojos

Hinojos

 
Mun. de la prov. española de Huelva; 3 548 h.
Ejemplos ?
yo te conozco, mi corazon te adora: Mi espíritu de hinojos ante tus pies está; Pero mi lengua calla, porque mi lengua ignora Los cánticos que llegan al grande Jehová.
Quedóse el pobre fraile anonadado, Y encomendando á Dios el alma imbécil Ante la negra aparicion postrado Cayó humilde de hinojos, Lleno de miedo el corazon menguado Y de cobardes lágrimas los ojos.
Paróse ante ella el viajero, Y ya por respeto fuese, Ya por temor que sintiese, Dejóse en tierra el sombrero. Postróse después de hinojos Permaneciendo un instante, Aunque sereno el semblante, Con lágrimas en los ojos.
Ello es que él a sus espaldas sintió señal cautelosa que le arrancó de sus vanas visiones encantadoras, y una voz que le decía, limpia, argentina y sonora: «De rodillas, caballero, que están alzando la hostia.» Y él, advertido y curioso, de hinojos cayó en las losas, pero volviendo la cara al maestro de ceremonias.
Tu espíritu infinito resbala ante mis ojos, Y aunque mi vista impura tu aparicion no vé, Mi alma se estremece, y ante tu faz de hinojos Te adora en esas nubes mi solitaria fé.
Allí fue donde alcanzando aquella luz solitaria vino la última plegaria con lágrimas a exhalar, y allí a la divina imagen, con voz triste y lastimera, la dijo de esta manera, de hinojos ante el altar: «Ya ves que al fin es preciso que deje yo tu convento; mas ya sabes que lo siento, ¡oh, Virgen mía, por Ti!
(113) Mas doña Luz á solas Llorando sin consuelo Por su galán oculto Se aflige sin cesar, Y prematura muerte De hinojos pide al cielo Si acaso pudo ingrato Su corazon cambiar.
Cuando sentí de tus ojos Las miradas sobre mí, Humildemente de hinojos Ante tus plantas caí. Señor, tu soplo me impele, Tu voz me sigue detrás, No hay nadie que me consuele Ni me conozca jamás.
MUZA: ¡Ah sultana más que tus ángeles bella, más necesaria a mi vida que el sol y el agua a la tierra, aquí a tus plantas de hinojos te juro, las manos puestas sobre el corazón, que en vano mi alma en huirte se esfuerza.
Lanzóse por él el conde Por un instinto guiado Cruzó el corredor aislado Y al oratorio llegó: Abrió la puerta con ímpetu Y al tender dentro los ojos Entorno al altar de hinojos A sus siervos encontró.
Cayó de hinojos Argentina al suelo Con dolorosa voz y amargo duelo (198) Piedad clamando al conde Pero él con ronca voz, en vano esperas, En la sombra responde, Que resolví tan bien tu desventura Que por no vacilar con tu hermosura Maté la luz porque á mis pies murieras.
Así decía el buen viejo, De su don Juan acordándose, Cuando don Juan arrojándose En sus brazos exclamó: -Ya estoy aquí, padre mío, Ya estoy ante vos de hinojos, Tornadme, padre, los ojos, O muero de angustia yo.