Hesperia

Hesperia (Hespería)

 
Nombre dado por los griegos a las tierras occidentales, aplicado primero a Italia y luego a la península Ibérica.
Traducciones

Hesperia

esperia
Ejemplos ?
XXXVI SOBRE LA VUELTA DE NÚMIDA Con los granos del incienso, las cuerdas de la lira y la sangre de un tierno becerro, debemos demostrar nuestro reconocimiento a los dioses protectores de Númida, que vuelve sano y salvo de los remotos confines de Hesperia, y reparte besos y abrazos a sus caros amigos; pero a nadie tantos como a su entrañable Lamia, recordando que juntos aprendieron los juegos de la niñez y juntos tomaron la toga viril.
Cerca Libanio, el nuevo rey pagano, camina con su grey de Constantina, pues le cedió Agramante el cetro de oro, que fuera tiempo atrás de Pinadoro. Con la gente de Hesperia Soridano, con la de Ceuta Dorilón pasea y con los nasamones Pulïano.
Hay en la antigua HESPERIA, más allá de los Pirineos, un hombre cuya fama ha atravesado ya el espacio que separa al mundo de los mortales del Olimpo, ligera cual rápida centella.
Al saber la determinación de Abu Hafáz, Gláfira se enfurece; dice que la que espera ser reina de Hesperia, de las islas adyacentes y de parte del Magreb, no puede resignarse a ser esposa o amiga de un mercader cualquiera, de un plebeyo renegado de la vencida y dominada raza española.
Anduvo errante por varios países y al fin murió, dejándola abandonada. Vagando como Io, Gláfira llegó a Hesperia, sin Argos que la vigilase, pero también sin tábano o estro que la picase.
Largos destierros te están destinados y largas navegaciones por el vasto mar; llegarás en fin, a la región Hesperia, donde el lidio Tíber fluye con mansa corriente entre fértiles campiñas, pobladas de fuertes varones.
Cuantas veces la noche cubre la tierra con sus húmedas sombras, cuantas veces se levantan los encendidos astros, la pálida imagen de mi padre Anquises me amonesta en sueños y me llena de pavor, y pienso en el niño Ascanio, en ese hijo querido, a quien estoy privando injustamente del reino de Hesperia y de los campos que le reservan los hados.
Esta misma nación de los Rútulos, que te acosa con impía guerra, cree que si logra arrojarnos de sus confines, ningún obstáculo la impedirá someter completamente a Hesperia y dominar en cuanto espacio bañan los dos mares que la ciñen por norte y mediodía.
Ora la Balanza o el pavoroso Escorpión, ora el Capricornio que tiraniza el mar de Hesperia hayan presidido con violencia mi nacimiento, nuestros destinos están unidos con lazo indisoluble.
En tus días, César, los campos rebosan con la abundancia de frutos, se restituyen a nuestro JovE las enseñas arrancadas a las soberbias columnas de los templos parthos, la paz ha cerrado las puertas de Jano, el orden y la ley reprimieron la licencia que vagaba sin freno y extirparon los crímenes, haciendo brillar las antiguas artes que engrandecían el nombre latino, el prestigio y la fama de Italia, y la majestad del Imperio extendido desde la cuna del sol hasta el mar de Hesperia.
Si algún día llego a pisar las márgenes y las campiñas del Tíber; si algún día llego a ver las murallas prometidas a los míos, nuestras ciudades y nuestros pobladores, el Epiro y la Hesperia, unidos de antiguo por un mismo origen, pues todos, tienen por padre a Dárdano, y ligados por iguales infortunios, formaremos por nuestra estrecha unión una sola Troya.
¿Qué campos no ha regado la sangre latina, atestiguando con sus sepulcros nuestras impías guerras, si hasta los medos llegó el estruendo de la ruina de Hesperia?