Gaetani

Gaetani

 
Familia italiana descendiente de los príncipes de Gaeta. El miembro más notable fue Benedetto (1235?-1303), Papa (Bonifacio VIII) en 1294.
Ejemplos ?
Mucho me alegraba la idea de vivir en el Palacio Gaetani, y, sin embargo, tuve valor para negarme: -Decid a vuestra Señora la Princesa Gaetani toda mi gratitud, y que me hospedo en el Colegio Clementino.
Monseñor había dispuesto que se diese tierra a su cuerpo en el Convento de los Franciscanos, donde hacía más de cuatro siglos tenían enterramiento los Príncipes Gaetani.
Volvíme entonces hacia la Princesa, que me miraba con una sombra de afán, y le pregunté aparentando indiferencia: -¿Cuándo toma el velo María Rosario? -No está designado el día. -La muerte de Monseñor Gaetani, acaso lo retardará. -¿Por qué?
Te advierto que no sería la primera en nuestra familia. Santa Margarita de Ligura, Abadesa de Fiesoli, era hija de un Príncipe Gaetani.
En el salón medio apagado, hablaban en voz baja las iejas damas que desde hacía veinte años acudían regularmente a la tertulia del Palacio Gaetani: Comenzaba a sentirse el calor, y estaban abiertas las puertas de cristales que daban al jardín.
Al despertarme, ya muy entrado el día, supe con profundo reconocimiento cuánto por la salud de mi alma se interesaba la Princesa Gaetani.
Fue al entrar en la biblioteca, que por hallarse a oscuras yo había supuesto solitaria, cuando oí la voz apasionada de la Princesa Gaetani: -¡Oh!
El rectorado ejercíalo desde hacía muchos años un ilustre prelado: Monseñor Estefano Gaetani, obispo de Betulia, de la familia de los Príncipes Gaetani.
Quería adivinar lo venidero, y perdíame en cavilaciones. Aún recuerdo que mi corazón tembló como el corazón de un niño, cuando volví a verme enfrente de la Princesa Gaetani.
Luchaba inútilmente por dominar mi orgullo y convencerme que era más altivo y más gallardo abandonar aquella misma noche, en medio de la tormenta, el Palacio Gaetani.
Partí al galope. Al desaparecer bajo el arco de la plaza, volví los ojos llenos de lágrimas para enviarle un adiós al Palacio Gaetani.
Aquella pobre señora creía lo contrario, y continuó: -María Rosario entrará en un convento dentro de pocos días. ¡Dios la haga llegar a ser otra Beata Francisca Gaetani!