Ejemplos ?
-¿Habrá visto algún tigre? -y el amigo Fortunato, apretando el sombrero con la mano, se estira por la ventanilla, para ver lo que pasa.
Pedro A. Chapa, Ceferino Fajardo, Fortunato de la Híjar, Emiliano Próspero Nafarrate.- Diputados por el Territorio de Tepic: Tte.
Pedro A. Chapa, Ceferino Fajardo, Fortunato de la Híjar, Emiliano Próspero Nafarrete.- Diputados por el Territorio de Tepic: Tte.
Arturo Aguilera Salazar (Vicerrector), Sr. Alejandro Ore-llana, Sr. Eduardo Jaramillo, Sr. Víctor Muñoz, Sr. Fortunato Abrévalo, Sr. Dr. Hugo Miño Villacís y Sr.
José Alvarado Sánchez, Víctor Muñoz, Juan Aurelio Zúñiga, Alejandro Orellana, Eduardo Jaramillo, Fortunato Arévalo y José María Goottman; Señoras: Eufemia Díaz de Aguilera, Nelly Díaz de Alvarado, Gladys Díaz de Aguilar, Enriqueta Vicuña de Cueva y Rosa Martínez de Briceño; señoritas: Eugenia Toro Loayza, Jhonny Espinosa, Betty Armijos, Yoya Madero y Raquel y Eider Díaz Aguilar, Profesores.
6 pesos :Doña Micaela de los Ríos 100 pesos :Rita Azúa 25 pesos :Don Fortunato Mesías 6 pesos :Joaquín Benítez 6 pesos :Ignacio Torres 2 pesos :Don Laureano Gallardo que es cuanto tenía, 3,7 pesos :Jerónimo Medina 1 soldado.
Y hete aquí que una tarde, el mayordomo, en vez de darle las órdenes en la forma acostumbrada, le lee un telegrama del patrón, ordenando que, por el primer tren, fuera a la estación Angélica, donde encontraría caballos, para ir a recibir una hacienda, y traerla. El mayordomo explicó a Fortunato que tenía que embarcarse a las siete de la mañana, y que a las tres estaría en su destino.
Y ni la vaca que en ellos se refregaba, ni las críticas de Fortunato atajaban, en su marcha de relámpago, las noticias, buenas o malas, importantes o nimias, comerciales o políticas, que, por el hilo, sin cesar, silenciosamente vuelan.
Suponemos que esto o cosa parecida sucedería, y que Fortunato no se dejó decir dos veces que le permitían entrar en la gloria, que tal es para todo enamorado una mano de conversación a solas con una chica como un piñón de almendra.
En este momento, unos italianos que iban a hacer la cosecha en el norte, sacaron de las lingheras, salame, pan, cebollas y vino. Fortunato, gaucho imprevisor, que viajaba sin una galleta, siquiera, acostumbrado a encontrar, siempre y en todas partes, el trozo de carne que necesitaba para conservar el vigor nervioso y la elegante delgadez de su sobrio cuerpo de jinete, dejó, a pesar suyo, deslizarse sobre las apetitosas vituallas, una mirada de envidia.
Entre usted en este otro cuarto y suceda lo que sucediere, ni una palabra ni intente salir hasta que yo lo busque. Fortunato no se distinguía por la bravura, y de buena gana habría querido tocar de suela; pero sintiendo pasos en el patio, la carne se le volvió de gallina, y con la docilidad de un niño se dejó encerrar en la habitación contigua.
Al encontrarse aquella noche con Aquilino y acordarle una cita, la fecunda imaginación de la mujer trazó rápidamente su plan. Necesitaba un cómplice, se acordó del plumario, y he aquí el secreto de su repentina coquetería para con Fortunato.