Ejemplos ?
don Pascual siempre firme en la cancha; ¡no hay como los viejos, amigo! -La verdad, sí señor; pues no. -¿Y para dónde va, ahora? ¿a lo de doña Fortunata? -La verdad. -¿Su comadre, no?
-Soy el Hada Fortunata -les dijo-; pasaba por aquí, y he oído vuestras quejas; y ya que tanto ansiáis por que se cumplan vuestros deseos, vengo a concederos la realización de tres: uno a ti, dijo a la mujer; otro a ti, dijo al marido; y el tercero ha de ser mutuo, y en él habéis de convenir los dos; este último lo otorgaré en persona mañana a estas horas, que volveré; hasta allá, tenéis tiempo de pensar cuál ha de ser.
Entre los que formaban corro hallábase Perico Moreira el Chiro, mocetón de treinta años, de atléticas formas y de aviesa mirada, el cual hacía tiempo que andaba bebiendo los vientos por Fortunata, que ni pizca de caso hacia de él, encalabrinada como estaba por Andrés Moreno, del cual (según dicho de una beata de Quequeña, hembra de lengua de escorpión) traía ya la muchacha prenda dentro del cuerpo.
Esto solo vedar ni Júpiter puede. ¿Ríes, Fortunata, tú que sueles por la noche tenerme insomne? Y tampoco en el triclinio prohíbo a ninguno hacer lo que le plazca, y también los médicos prohíben contenerse.
Nada, sin embargo, tan desigual había, pues ora a Fortunata respetaba, ora a la naturaleza suya revertía. CAPÍTULO LIII. Y, en efecto, interrumpió su deseo de bailar un secretario que, como las actas de la ciudad, recitó: "Séptimo antes de las kalendas de agosto (26 de julio): en el predio cumano, que es de Trimalquión, nacidos fueron niños treinta, niñas cuarenta; recogidos de la era para el hórreo quinientos mil modios de trigo; bueyes domados, quinientos.
El propio Trimalquión, cuando gravemente hubo gemido y sobre el brazo, como si estuviera herido, se hubo echado, acudieron corriendo los médicos, y entre los primeros Fortunata, con los cabellos sueltos, con un una copa, y desgraciada ella e infeliz proclamó que era.
"Pero nárrame, Gayo, te lo ruego, Fortunata por qué no está recostada." "Como la conoces, dijo Trimalquión; si la plata no ha recogido, si los restos a los chicos no ha dividido, agua en la boca suya no echará".
"Con todo, respondió Habinas, si ella no se recuesta yo me + aojo +. Y había empezado a levantarse, si a una señal dada Fortunata más de cuatro veces por todo el servicio hubiese sido llamada.
Entonces, en un sudario las manos secando, que en el cuello tenía, se pliega a aquel lecho en el que Centella, de Habinas la esposa, yacía, y besándola mientras aplaudía: "¿Hay, dijo, que verte?" A tal después se llegó que Fortunata los brazaletes suyos de sus grasísimos detrajera antebrazos y a Centella, admirada, los mostrara.
De ahí dos crotalines (pendientes) sacó y a Fortunata a su vez para que los considerara los dio y "Del dueño mío por la bondad, nadie los tiene mejores." "¿Qué?, dijo Habinas, ¿me + excatarizaste + para que te comprara esa haba de vidrio?
Mujeres si no hubiera, todo por lodo tendríamos; ahora, esto es mear caliente y frío potar." Entre esto las mujeres, heridas, entre sí rieron y ebrias juntaron las bocas, mientras la una de su diligencia de madre de familia se jacta, la otra de las delicias (el efebo) y de la indiligencia de su marido. Y mientras así están unidas, Habinas a hutadillas se levantó y los pies de Fortunata agarrando sobre el lecho lanzó.
Recibiéronle con algazara magna, formose rueda, y Andrés Moreno, guapo muchacho de veinticuatro años, sacó a bailar a Fortunata Sotomayor la Catiri, que era una chica de diez y ocho eneros, con más garbo que una reina y con más ángel en la cara que un retablo de Navidad.